
Seminar 13. El object del psicoanalisis 1965 66 1
Seminário 13.-El-objeto-del-psicoanálisis-1965-66-1
Decir que el sujeto sobre el que operamos en psicoanálisis no puede ser sino el sujeto de la ciencia puede parecer paradoja. Es allí, sin embargo, donde debe tomarse un deslinde a falta del cual todo se mezcla y empieza una deshonestidad que llama por otra parte objetiva: pero es falta de audacia y falta de haber detectado el objeto que se raja. De
nuestra posición de sujeto somos siempre responsables. Que eso se llame terrorismo donde se quiera. Tengo derecho a sonreír, pues no es en un medio donde la doctrina es abiertamente materia de compromisos, donde yo temería ofuscar a nadie formulando que el error de buena fe es entre todos el más imperdonable.
El caso de la lingüística es más sutil, puesto que debe integrar la diferencia de lo enunciado y la enunciación lo cual es ciertamente la evidencia esta vez del sujeto que habla, en cuanto tal, y no del sujeto de la ciencia. Por eso se va a centrar sobre otra cosa, a saber la batería del significante, cuya prevalencia sobre esos efectos de significación se trata de asegurar. Es también efectivamente por este lado por donde aparecen las antinomias, que se dosificarán según el extremismo de la posición adoptada en la continuación de este objeto. Lo que puede decirse es que se va muy lejos en la elaboración de los efectos del lenguaje, puesto que puede construirse en ella una poética que no debe nada a la referencia, al espíritu del poeta, como tampoco a su encarnación.
Es por el lado de la lógica por donde aparecen los índices de refracción diversas de la teoría lingüística con relación al sujeto de la ciencia. Son diferentes para el léxico, para el morfema sintáctico y para la sintaxis de la frase. He ahí las diferencias teóricas entre un Jakobson, un Hjemslev y un Chomsky.
netamente
Saint-Just
Singularmente Descartes sigue el movimiento de preservarlo, del Dios engañoso, en lo cual es su compañero el que gana y a él lo preserva hasta el punto de promoverlo al privilegio exorbitante de no garantizar las verdades eternas sino siendo su creador. Esta comunidad de suerte entre el ego y Dios, aquí enmascarada, es la misma que profiere de manera desgarradora el contemporáneo de Descartes, Angelus Silesius, en sus abjuraciones místicas, y que les impone la forma del dístico.
vanos
ensanchar
Digamos que el religioso le deja a Dios el cargo de la causa, pero que con ello corta su propio acceso a la verdad. Así, se ve arrastrado a remitir a Dios la causa de su deseo, lo cual es propiamente el objeto del sacrificio. Su demanda está sometida al deseo supuesto de un Dios al que entonces hay que seducir. El juego del amor entra por ahí. El religioso instala aquí la verdad en un estatuto de culpabilidad. Resulta de ello una desconfianza para con el saber, tanto más sensible en los Padres de la Iglesia cuanto más dominantes se muestran en materia de razón.
La verdad es remitida allí a unos fines que llaman escatológicos, es decir que no aparece sino como causa final en el sentido de que es trasladada a un juicio de fin del mundo. De donde el relente oscurantista que invade todo uso científico de la finalidad.
chatura
La magia no es tentación para nosotros sino a condición de que hagan ustedes la proyección de sus carácteres sobre el sujeto con el que tiene que vérselas —para psicologizarlo, es decir, desconocerlo.
El pretendido pensamiento mágico, que es siempre el del otro, no es un estigma con el que puedan ustedes etiquetar al otro. Es tan válido en el prójimo como en ustedes mismos en los límites más comunes: pues está en el principio de la más mínima transmisión de orden.
Para decirlo todo, el recurso al pensamiento mágico no explica nada. Lo que se trata de explicar es su eficiencia. En cuanto a la religión, debe más bien servirnos como el modelo que no debemos seguir, en la institución de una jerarquía social donde se conserva la tradición de cierta relación con la verdad como causa. La simulación de la iglesia católica, que se reproduce cada vez que la relación con la verdad como causa viene a lo social, es particularmente grotesca en cierta Internacional psicoanalítica por la condición que impone a la comunicación.
roneotipia
resquemor
fuerzo un poco la cosa
es ahí que yace algo
alfarero
Tal estructura es necesaria para que un corte determine el campo por una parte del sujeto, tal como es requerido como sujeto de la ciencia y por otra parte, el agujero donde se origina un cierto modo de objeto, el único a retener, aquel que se llama objeto de la ciencia, y como tal puede ser esta especie de causa sobre la cual he dejado la última vez el signo de interrogación. ¿Es tal como aparece, solamente la forma de las leyes?, o bien, ¿dónde se enlaza este aspecto manifiestamente materialista por el cual justamente puede ser designada la ciencia?, es en este nudo de la función de la falta que yace y está encubierto aquí el punto de giro de lo que está en cuestión. Y que vamos a tener en este punto, que es un punto de hiancia, lo hemos visto el año pasado a propósito de la génesis freguiana del número uno, es para salvar la verdad que hace falta que esto funcione.
Salvar la verdad, lo que quiere decir: no querer saber nada de eso. Hay otra posición que es gozar de la verdad, y bien eso es la pulsión epistemofílica. El saber como goce con la opacidad que entraña en el abordaje científico del objeto, es ese el otro término de la antinomia. Es entre estos dos términos que debemos aprender lo que concierne al sujeto de la ciencia, es ahí que espero retomar para llevarlos más lejos.
Si me tomé el trabajo, entiendo, de escribir función y campo de la palabra y del lenguaje, es que función se refiere a la palabra y campo al lenguaje, un campo, eso tiene una definición matemática absolutamente precisa.
cierre
lo real es siempre lo imposible.
hoja
Ahora bien, lo que se trata de concebir es, justamente, esto. Es que el nombre del sujeto es éste. Falta el uno para designarlo. ¿Qué lo reemplaza?. ¿Qué viene a hacer función de este uno?. Seguramente muchas cosas. Pero, si no sé que muchas cosas muy diferentes, el objeto a de un lado, por ejemplo, el nombre propio, por otro, cumplen la misma función, es muy claro que no se puede comprender nada, ni de su distinción —porque cuando se percibe que cumplen la misma función se cree que es la misma cosa— ni del hecho mismo que cumplen la misma función. Se trata de saber dónde se sitúa, donde se articula este sujeto dividido en tanto que tal.
zurcido
No la verdadera del sujeto, sino, la banda de Moebius en tanto que dividida, en tanto que una vez cortada por el medio ya no es una banda de Moebius, es una cosa que tiene dos caras, un derecho y un revés, que se enrrolla sobre sí misma de una manera
El problema, Stein lo va a abordar a partir de ciertos momentos privilegiados del análisis.
Tal es, en efecto, la consecuencia de la regla fundamental: habiéndosele pedido ponerse en un estado de atención flotante, el paciente escucha por dentro y habla en un sólo movimiento. La percepción y la emisión de su palabra se confunden. El no habla, ello habla. El analista por su lado, él también en estado de atención flotante, escucha el ello habla. No escucha en persona. Ello escucha, pero, la palabra y la escucha no hacen dos.
El paciente y el analista tienden a estar ambos en uno en el cual esta contenido todo.
La situación analítica idealmente realizada se parecería absolutamente al dormir y el discurso que se haría oír ahí sería un sueño. Lo que está en juego en la situación analítica es, pues, una regresión tópica que comporta la abolición de los límites entre el mundo exterior y el mundo interior, tanto del lado del paciente como del lado del analista. Esta regresión tópica es una regresión hacia el narcisismo primario que se expresa en una cierta manera de bienestar que marcaría, —nos dice Stein—, ser llamada sentimiento de expansión narcisista, o incluso, en la ilusión de tener el objeto del deseo. Es lo que dice, a propósito, un ejemplo clínico o en el síndrome de beatitud que acompaña el comienzo de ciertos análisis.
el soñador formula el texto de su sueño.
Ello ya no habla, él habla
En particular puede haber en el curso de la cura la defensa contra la agresión narcisista, en tanto que ella puede favorecer la reaparición de conflictos inconscientes y de angustia.
Es así que la transferencia se establece en la meta ilusoria de la restauración de una realización narcisista supuesta, perdida bajo el signo de la incertidumbre. La terminación del análisis, a la inversa, implica el acceso a un cierto orden de certidumbre en la existencia o de saber en la frustración.
Transferencia y contratransferencia o El masoquismo en la economía de la situación analítica. Pronunciada en Octubre de 1964 y que agradezco a Stein haber querido poner a nuestra disposición
ello
El psicoanalista aparece como frustrando al paciente de su placer por su propia voluntad mientras que no es, en absoluto, amo de la frustración, que el paciente experimenta en su corte con lo que no es, en absoluto, él.
pantalla
El juicio del psicoanalista,
Es la misma cuestión que se plantearía, en fin, a propósito del fin de la cura como saber sobre la frustración. No es el analista —nos dice Stein— el que frustra al sujeto de su omnipotencia, sino que, la frustración es la realidad misma de la existencia. ¿Debería el psicoanalista, entonces, jugar los representantes de la realidad con el fin de volver a llevar ahí a su paciente?.
Es decir, de una manera que haga, de un modo, concluir el análisis en un término, una terminación, hablando con propiedad, que es de una naturaleza esencialmente diferente de este saber sobre la frustración. Esto no es el fin del análisis.
colmar
la palabra del psicoanalista es siempre esperada como la repetición de una palabra ya pronunciada. Tendría tendencia, por supuesto, de decir:
como la evocación de un lugar ya desde ahí, desde siempre.
rayos del sol suprimen la sensación de frío. Ya he subrayado — dice Stein— que la palabra podía, dado el caso, hacer desaparecer un dolor de muelas a un dolor de cabeza.
No es raro tampoco que calme una sensación de hambre o que caliente. Tal identidad de los hechos podría dar a pensar que es el sustituto de una sustancia o el agente de una acción física o que es de la misma naturaleza.
En fin, para terminar el autor plantea, por supuesto, el problema de la verdad. ¿Cómo —dice Stein— podría, el analista hacer de su palabra la garantía de verdad, mientras que el paciente en la transferencia le atribuye un poder que no tiene?. Lo que desemboca, por supuesto, en fórmulas que hacen del analista un engañador, muy simplemente, él mismo engañado. Y diría que es, por mi parte, efectivamente, lo que sería llevado eventualmente a situar, quiero decir, en tal articulación, aunque, después de todo, veo mal, efectivamente, cómo podría ser ahí de otro modo si el analista no fuera llevado, quizás, no fuera conducido a llevar otra cosa al lugar del señuelo.
Debo citar ahí, aún, algunas frases que me parecen totalmente claras y totalmente interesantes en la declaración, en el texto de Stein. Dice, por ejemplo, esta: levantando la incertidumbre, esta palabra del analista suprime, al mismo tiempo, el malestar. Pero, esta incertidumbre, al paciente ya la habla levantado radicalmente al traducir su malestar en una afección más o menos determinada de su cuerpo, fenómeno muy próximo a aquel de la complacencia somática que Freud estudió a propósito de la historia de Dora. A un cierto malestar en la espera de la palabra del psicoanalista, el paciente habría sustituído un sufrimiento que invitaba a la representación bastante precisa de la sustancia o del acento físico necesario para su supresión. Esto le permitía, al menos, saber qué le faltaba. Le había bastado tomar modelo de un sufrimiento experimentado en otro tiempo en razón de la acción, factor natural. Y así se explica el hecho de que la palabra del analista pueda actuar como si fuera una sustancia o un agente físico.
Tendría tendencia, por otra parte Stein dice en otro lugar, no es perfectamente que esta palabra del analista es igualmente la misma que, en fin, está todavía mucho mejor graficado cuando, por ejemplo, Stein la compare al alimento. Esta palabra que tiene por efecto entrañar una modificación corporal tal como el alimento calma el hambre o como los
señuelos
una concepción de algún modo hipocondríaca de la función de la palabra del analista.
mancillado
La voz de Virgilio conduce a Dante a la verdad. Y esto es la vergüenza. Pero, este despertar es breve. Nacido a la verdad en la vergüenza Dante se detiene. Se detiene para reflexionar la vergüenza queriendo expresarla. Queriendo hablar para excusarse, Dante deja de ver la realidad que habla por sí misma en el silencio de la vergüenza. Y su deseo de expresión hace que desconozca esta verdad misma en el momento en que se lleva a cabo. Cae, de nuevo en la reflexión quebrada que él asimila a un sueño.
borra
Plantea
artilugio
rechazo
acecha
Pero, a esta interpretación de Dragonetti quizás se pueda agregar esto: que en el seno de la transparencia del paraíso no hay ninguna posibilidad de tomar partido. Volver a poner en Dios la causa de su deseo, es la única vía posible. Quizás esté ahí el fantasma de Dante, la transparencia de su mirada frente a la luz de Dios. Finalmente, en el paraíso está Dios.
Todo es luz y la luz viene de Dios. La luz es la mirada de Dios. Y entre Dios y Dante esta Beatriz. Beatriz, que no es Dios, que no es, tampoco, creo, la verdad revelada de Dragonetti, sino, Beatriz, aquella que porta la marca de Dios. Luego, está siempre entre Dios y Dante la visión de Dante, sobre la cual él pegó figuras miradas. Es de estas figuras miradas, cuyo sortilegio rompió al darse vuelta, no es de la visión misma. La visión misma preexistía a estas figuras miradas. Esta visión no es la visión de cualquier cosa, es la visión de almas, que por violencia faltaron a su voto de castidad. Es la visión de criaturas de Dios. Luego está Dante.
Nuestra topología aquí, en el sentido en que la entiendo, en que la manejo, en que los introduzco ahí, no tiene otra función que la de permitir localizar estas transformaciones de las relaciones del saber y de la verdad.
artículo de Dragonetti.
La divina comedia
Tales son las estructuras que la construcción poética de Dante saca a la luz y si lo puede es porque es poeta, y porque siendo poeta lo que él reúne no es tanto nuestra ciencia como lo que estamos construyendo por el momento y que llamo la teoría. El privilegio de esta construcción poética, en relación a la teoría, —la teoría psicoanalítica si ustedes quieren, para nosotros la teoría a secas—, se refiere a esto de una relación privilegiada que se construye a través de una cierta forma de ascesis del sujeto en el Otro. Esta estructura privilegiada la definimos el año que hice mi seminario sobre La ética… Es la del amor cortés en tanto que podemos localizar ahí de una manera eminente los términos I (ideal del yo), a (el objeto a ), i(a ) (imagen del a , el fundamento del yo) .
Muy recientemente, por ejemplo alguien vino a demandarme algo. Ese algo era en sí algo tan exorbitante e imposible de acordar, que yo no creí ni un instante que era eso lo que se me demandaba. El resultado es que concediendo algo que yo podía acordar totalmente, la persona que estaba frente a mi se convenció de que yo le acordaba lo que era según su deseo y que, se los repito, estaba tan fuera de todos los límites de posibilidad que yo no podía, incluso, ni pensar que era eso lo que se me demandaba
el paciente dice a su psicoanalista: usted no responde a mi expectativa. El sujeto del predicado, contrariamente a las apariencias está contenido en mi, lo que quiere decir que esta frase, para aclarar las cosas, podría ser transpuesta: yo espero en vano su respuesta. Ahí el sujeto del predicado sería Yo —predicado— espero en vano su respuesta. A esto ustedes objetan que las dos frases no tienen el mismo sentido.
Es decir que intento para mi uso personal en primer lugar, por otra parte, encontrar hitos, que sean válidos para la primera sesión tanto como para la última de una cura.
ubicuo
Y bien, la locura, en la medida en que el paciente está loco, porque no se está jamás completamente loco y es por eso que se puede incluso tratar a los locos, y en la medida en que el paciente está loco esta posibilidad no existe en razón de la forclusión de la que acaba de ser cuestión
acotación
El mito narcisista sería por ejemplo, el mito del psicoanalista ordenador del destino, el mito del psicoanalista erigido en una función que es, propiamente hablando la de un ídolo.
hojitas
Me pregunto también si introducir esta referencia no permitiría situar moderadamente, —en todo caso te pido perdón, si no fuera al escucharte ahí, forzosamente siempre lo bastante atento—, pero lo que introducís a propósito de esta distinción de las diversas personas a propósito del tú y del él, que son categorías gramaticales que, desde luego son esenciales, para, de las que debo decir, me pregunto cada vez al escucharte cómo las utilizás. Quiero decir, si las tomás, si las destacás como tales en el sujeto de tu paciente. Quiero decir, ni cuando el paciente dice yo y por ejemplo a partir de ahí lo haces entrar en una de las tres categorías que aislaste, designación del sujeto del predicado en segunda persona o en la primera persona reflejada o bien, aún designación del sujeto del predicado en segunda persona. Dicho de otra modo, todo la que introducís ahí, en un esfuerzo de distinción y de análisis del yo del tú y del él, me pregunto si puede, incluso decía, ser situado fuera de esta referencia a ese lugar, tercero, de donde el sujeto recibe su palabra en tanto que sujeto. En la que respecta a esta puntita que adelantás concerniente a la verdad, la cuestión de la verdad, —permíteme citarte cuando decís esto en ese texto sobre el masoquismo—: el psicoanalista es llamado a intervenir es llamado de dos lados a la vez, en la transferencia el paciente lo llama en un lugar donde no está, lo sitúa en el lugar supuesto del hecho del cual experimenta la frustración, es decir, este poder de realidad que el analista detentaría y del que podría hacer uso: su gusto para interrumpir la expansión narcisista del paciente, en nombre de la verdad sería llamado a pronunciarse sobre la transferencia (el analista a denunciar la ilusión del paciente), respondiendo al primer llamado de un lugar donde no está, engañaría al paciente aceptando servirle de señuelo y por arrogarse un poder que no es el suyo. En nombre de la verdad, debería abstenerse de romper el llamado del paciente e intervenir para rehusarse. Pero, en la escucha del analista el llamado del paciente es constante. Tolerar la transferencia es engañar, ya que es la escucha la que la suscita. El analista debería, pues, intervenir constantemente para denunciar lo falso en nombre de lo verdadero y para nada oír el llamado al engaño. Su eficacia, entonces, sería la del predicador y ya no la del psicoanalista.
aislaste
¿Con qué nos topamos ahí?. Nos topamos, justamente, con el término, justamente, del que hablaba al principio: la verdad. Es decir que Stein habló del moi y habló del je, que habló de la palabra, pero justamente la cuestión sigue siendo, en lo que concierne a la verdad, ¿el analista es o no el fiel sirviente de la verdad?.
Y bien, creo que es ahí donde debemos volver a la fórmula propuesta por Lacan que especifica la transferencia, a saber, que la transferencia se dirige a un sujeto supuesto saber, ¿supuesto saber qué?. Toda la cuestión es: ¿qué sabe el psicoanalista?. Y bien, ¿qué sabe?. Pienso que todo el malentendido de la cura, toda su Verleugnung, es que es considerado saber todo, salvo la verdad. Y es en la medida en que este malentendido existe en el inicio que la cura puede proseguirse para llegar finalmente a una situación donde evidentemente, por supuesto, el sujeto supuesto saber no está ya del lado del analista y que aquello de lo que es cuestión es una verdad que no puede ser sino la del sujeto. Creo que encontramos una problemática completamente idéntica a la que intenté analizar en lo que concierne al oráculo en los griegos.
Me preocupo por saber si aquellos psicoanalistas a los que enseñé algo transmitirán propiamente lo que dije. Ahí está el sentido de la prueba que constituyen las sesiones consagradas a un Seminario en el cual no puedo admitir tanta gente, por la razón de que esta asistencia misma sería un obstáculo a esta verificación
zanjada
Lo que el paciente hace de nosotros es lo que nos hace caer de la posición de pirronianos.
Ustedes querrán saber más de esto. Despierto vuestro deseo más reflexivo, es decir el más imposible de reconocer. El predicado con el que ustedes me afectarán es vuestra caída. Si ustedes califican, ustedes se califican. Yo triunfo.
Pero ustedes, si se aceptan como juez, helos ahí rechazados como sujetos desde entonces en la ambigüedad de tener que juzgarse
agotarla
allá
Para Pascal la cuestión esta zanjada
echada
léanlo
Esto es lo que nos arrojan
Cuando se compromete a algo en un juego que se lleva entre dos hay dos apuestas:
vuestra razón y vuestra voluntad es la primera, vuestro conocimiento y vuestra beatitud es la segunda, que no es puesta, en absoluto, por el mismo partenaire. Más tarde se discutirá sobre lo que está en juego, a saber: apuesten sin dudar, que él es, ya que hay igual riesgo de ganancia y de pérdida. Si no tuvieran sino que ganar dos vidas por una aún podrían apostar(
La repugnancia marcada, por ejemplo en una carta a Max Born de Einstein, por esta última realidad que no sería sino un jugador de dados, el apego fundamental y proclamado por parte de un espíritu que comprometía ahí la más alta autoridad científica de su tiempo por la suposición de un ser, astuto sin duda, pero que no engaña, a saber una cierta forma aún perfectamente subsistente en el centro de un pensamiento científico de un ser divino.
He aquí lo que merece ser recordado en el umbral de aquello en lo cual vamos a comprometernos y que es propiamente, esto no puede ser definido sino en el momento de este umbral, de este paso, de este franqueamiento radical de Pascal, a saber, el término estrictamente opuesto de un azar definido. Porque, ¿qué es el azar?. El azar se refiere esencialmente a la concepción de lo real en tanto que imposible, dije. ¿Imposible de qué?, —completaría hoy—, imposible de interrogar. Imposible de interrogar porque responde al azar.
Abran cualquier libro. Hay buenos, hay malos. Hay uno bueno, que se los cito de paso, El azar del señor Emile Borel
Es decir que, si nos separamos, repito, de común acuerdo, cada uno retoma su apuesta.
Entonces, para yo consentir que soy ganador, ahora con la interrupción del juego, están aquellos que parten y lo que es necesario repartir, partituri cognosciunt partitura hasta, o bien, si yo llego a retomar mi apuesta o yo gano todo. Les pido como legítimo tomar la mitad de vuestra apuesta. Es desde ahí que Pascal parte para dar un sentido a lo que significa un juego de azar. Lo que no está puesto en valor es que si fuera yo el ganador que interrumpo mi adversario estaría en todo el derecho de decir perdón, usted no ganó.
Y. entonces, ustedes no tienen nada que demandar sobre mi apuesta. La sustancia, la encarnación que da Pascal del valor del acto mismo del juego, separado de la secuencia de la partida he aquí donde se designa que lo que Pascal ve en el juego son estrictamente uno de estos objetos que no son nada y que pueden, de todos modos, evaluarse en función del valor de La apuesta , porque, —como él lo articula muy bien—, este objeto definible con toda justicia y toda justeza en la regla de las partidas, es tenerlo sobre el dinero del otro.
el soy de ser de este yo pienso, yo soy aquel que piensa: luego soy.
Ahora bien si reencontramos la vía de Freud de considerar que en esta duda, que está toda la sustancia del objeto central que decida así al ser del yo pienso mismo, en la medida en que esta duda, Freud en su praxis, nos hace reconocer el punto de emergencia de esta falla del sujeto que lo divide y que se llama la conciencia. El punto de sutura, el punto de cierre, inadvertido en el pienso, luego existo, es ahí que debemos reconstruir toda la parte elidida de lo que se abre, que reabrimos esta hiancia y que no puede, bajo toda forma del discurso, que es el discurso humano, aparecer sino bajo la forma de tropiezo, de la interferencia, del obstáculo, en este discurso que se quiere coherente. No obstante, lo que hay que funda este discurso no es, mediante esto, captado en absoluto.
Discurso del deseo, se nos dice. Pero, ¿qué hay que haga que podamos decir que aquello mediante lo cual podemos suplirlo es el lugarteniente de representación?. Ustedes entienden bien que esto es indicar el lugar donde funciona lo que sostiene como dividido todo lo que se realiza del sujeto en el discurso, que está ahí el lugar donde debemos buscar la función del objeto a.
¿y no valdría la pena comprometer una apuesta solamente con algunas chances, en cuanto a esta vida entre el nacimiento y la muerte, esta vida que es la nuestra, para tener, quizás, una segunda?.
ustedes pueden sondearlo en principio, si piensan que el teatro de Shakespeare mismo destaca esto cuyo tema es que la vida es un sueño. Respecto a esta perspectiva, La apuesta de Pascal significa el despertar.
No hay sino una desdicha
Un correcto análisis de la transferencia no es preguntarse en todo momento qué es lo que el paciente me quiso decir. Es necesario analizar lo que el paciente aprehende del deseo del Otro a propósito del objeto a. Ubicar el grado de emergencia del objeto a en cada sesión, alrededor de lo cual pueda hacerse el análisis de la transferencia. Tomar el yo del analista como medida de la realidad basta para que una neurosis no pueda alojarse sino ahí. Todo depende de la manera en que el analista piensa la situación. Recordemos las grandes líneas de la teoría lacaniana para situar a este objeto a del neurótico. Por una parte, todo el investimento narcisístico no pasa por la imagen especular, hay un resto: el falo (- ?). En la imagen real del cuerpo libidinizado el falo aparece en menos, en blanco, no está representado. Incluso está recortado de la imagen especular. Por otra parte, el sujeto barrado en relación al Otro, dependiente del Otro, está marcado por el significante en el campo del Otro. Pero hay un resto, un residuo, que escapa a las estatutos de la imagen especular. Este objeto cualquiera es a, el objeto de la angustia. La angustia se constituye cuando un mecanismo hace aparecer algo en el lugar natural de (- ?) aquel que ocupa el objeto a. No hay imagen de la falta. Si algo aparece ahí la falta viene a faltar.
Si no falta, la angustia aparece. Lo que puede pues, venir a señalarse en este lugar (- ?) es la angustia y es la angustia de castración en su relación al Otro.
Cuando Stein introduce en la copera de la intervención del analista el corte entre el paciente y el analista, entre el mundo interno y el mundo externo, corte por donde se
introduce un poder heterogéneo, parece que estuviera, entonces, en presencia dos seres:
el sujeto y el objeto, el analista y el paciente, Esta espera es experimentada como displacer. El analista parece frustrar al paciente del placer que siente en su tendencia a la expansión narcisista. Y es la frustración que el paciente siente en este corte, es este fenómeno lo que es la transferencia. Esto desde el artículo de Stein.
el temor de perder o el anhelo de tener retorna en la transferencia en la posición de serlo para el analista: por su placer o su cruz.
En el trasfondo de esa dialéctica se perfila al tercer jugador, el Otro lacaniano. El analista se encuentra capturado en un desdoblamiento constitutivo de la situación. Y este desdoblamiento no tiene nada que ver con una relación dual. Hay ahí una contradicción que crea la ambigüedad. Si se lo olvida, es que este jugador, este tercer jugador, es el analista para el Otro. Ya que para el analista es el Otro el que le dicta sus golpes. Parece que se encuentra acá el objetivo sádico del que habla Stein: que el analista puede dejarse engañar en la transferencia y tomar el lugar en el cual el paciente lo sitúa, es decir, como origen del poder de la frustración.
trasfondo
Es sobre la frustración que lleva mi segunda observación, En mi opinión, la frustración en el análisis no tiene por fuente el displacer causado por la espera de la intervención, la espera que introduciría un corte. Por el contrario, nacería sobre un horizonte de no respuesta a todas las demandas que al paciente formula incluida la que no formula. Es por intermedio de la demanda que todo el pasado se entreabre hasta el fondo último de la primera infancia. Es porque me callo que frustro a mi paciente. Es por esta vía solamente que la regresión analítica es posible. La abstinencia del analista que se rehusa a gratificar la demanda, la separa del campo del deseo y la transferencia es un discurso donde el sujeto tiende a realizarse más allá de la demanda y en relación a ella. No obstante, me parece que en este artículo de Stein todo deja pensar que cuando dice frustración es de castración de lo que se trata. Y, entonces, todo encajaría muy bien como vamos a ver.
Stein sitúa el fin del análisis por el acceso al saber sobre la frustración. Para Freud las fronteras del análisis se detienen en el complejo de castración y mantiene su significación prevalente. Es decir primero, que el hombre puede tener el falo sobre el fondo de no tenerlo. Segundo que la mujer no tiene el falo sobre el fondo de que lo tiene. Y si Freud marcó el carácter infinito de ciertos análisis es que no vio que la solución del problema de la castración no está alrededor del dilema de tenerlo o no, porque esto no es sino cuando el sujeto se da cuenta de que no lo es, que puede normalizar esta posición natural de cuánto no lo tiene.
Pero, lo que intenté despejar es que incluso, si no se lo dijera, el planteo de la regla seguiría siendo el mismo, habría al menos algo que estarla impuesto de una manera unilateral. Sería, por ejemplo, el horario de las sesiones. Es decir que, a pesar de todo, incluso, si el psicoanalista no formulara ninguna regla y ustedes dijeran que lo recibirían tres o cuatro o cinco veces por semana tal día a tal hora: —venga, acuéstese sobre el diván, y no lo dijeran nada más, esto basta para ejercer un planteo totalmente análogo al de la regla formulada.
Pero, es, de todos modos una intervención. La prueba de esto es que hay pacientes que se van por sí mismos antes del fin de la sesión porque no soportan que el fin de la sesión sea indicado por el psicoanalista. No creo que haya muchos pacientes que lo hagan de manera constante en todas las sesiones. Pero, en la práctica de cada analista eso sucede de tiempo en tiempo. La cuestión del analista engañado que estaría en el origen del poder, creo que estamos totalmente de acuerdo en eso. La frustración, me dice, está, por el contrario, sobre un horizonte de no respuesta.
Estoy de acuerdo.
inconsciente de los enfermos calibra el tiempo y cómo los enfermos, incluso sin mirar el paciente, sin incluso mirar sus relojes, saben perfectamente el momento en quien una sesión cuyo tiempo esté así estrictamente fijado, en qué momento va a caer el fin de la sesión. Y bien, pienso que, entonces, en esta técnica, con estas sesiones de hora fija, día fijo, pienso que no estoy seguro de que haya intervención del analista. No estoy seguro porque me pregunto si justamente, ya que yo introducía la función del Gran Otro, para intentar situar, repartir la posición de los partenaires en la cura me pregunto si no hay, de hecho, una declaración implícita que sería un poquitito diferente y que sería, más bien, quizás, la sumisión del analista como del paciente, a una relación al tiempo en tanto que, por supuesto, hace intervenir siempre una relación al Otro. Sumisión, de alguna manera, declaración implícita o intencional de la identidad entre el analista y el paciente en esta relación al tiempo y donde la dimensión en fin, no vamos a comprometernos en una discusión como eso. Pero, en fin, quisiera, de todos modos, decir que entre los diversos partenaires que están presentes en una sesión, donde la dimensión, digamos, de un cuarto, que sería, en este caso, este muerto así que se evoca de tiempo en tiempo, se encuentra en mi opinión, introducido de manera muy precisa.
Dicho esto, crea que ni nos entregáramos, llamamos a eso un pasaje al acto, es decir, a decirle, después de todo, a responderle a su demanda, ¿no es cierto?; creo que ejerceríamos en eso momento un efecto propiamente traumatizante y de desconcierto, que, en fin, puede ser perfectamente perceptible. En fin, percibido o notado en tal o cual circunstancia, en tal o cual observación. Lo que hace que después de todo, digo bien, después de todo nos servimos del álgebra lacaniana y nos planteamos la cuestión de saber dónde se sitúa la ausencia de respuesta, finalmente hechas todas las cuentas, hechas todas las sesiones donde se sitúa la ausencia fundamental de respuesta a la demanda y por ahí mismo el despliegue en esta dimensión del deseo. Dicho de otra modo, pienso que si se hace intervenir aquí al Otro, la posición respectiva de los diversos partenaires en la cura se encuentra en mi opinión mucho mejor precisada. Y esta posición respectiva de los partenaires en la cura recién Stein evocaba tres, lo que parece en todo caso ciertamente, un mínimo. Pero, pienso que ella se encontraría, en todo caso igualmente mejor precisada por esta pequeña notación muy, en fin, me parece muy fino, muy preciso lo que haces a propósito de lo que el analista, de la intervención implícita del analista al comienzo y al final de sesión. Dicho de otro modo que incluso si después de todo, el analista se calla, pero el sólo hecho de que fija la hora de la sesión y por el sólo hecho de que es llevado en un momento dado a decir: dejémoslo ahí, la sesión ha terminado, es llevado implícitamente a intervenir. Creo que es, de hecho, una cuestión.
Debo decir que eso no me parece, después de todo, tan simple como esto, porque pienso que hay una técnica de la cura por ejemplo, donde justamente se plantea el problema de saber si el analista, fijando la hora de la sesión y marcando su final, interviene o no interviene. Debo decir que me parece que hay, por ejemplo, una técnica de la cura.
Supongamos así la cura, la cura ideal, en fin, donde las sesiones son: lunes, miércoles, viernes a tal hora, duración estrictamente determinada se sabe que tan admirablemente el
ahorrado
De qué les hablé?. Es muy cierto que no les hice, hablando con propiedad, seminario.
Aunque mi arraigo, en un cierto estilo, no era tan posible de romper de un sólo golpe, es a esta pendiente, ese hábito, incluso, esa necesidad que tome de una cierta manera de enganchar a mi audiencia que debo, para mi sorpresa debo decir, no haber podido en ningún caso resolverles a hablarles en francés y, cosa curiosa, haber llegado verdaderamente a hablarles en inglés
Helo
Puedo esbozar lo que, acabo de decírselos, va a ser la continuación de mi discurso, consistente en precisar esto de que el deseo, este deseo del que en principio les articulé el lugar diciendo que el deseo es primero el deseo del Otro, la topología va a enseñarnos a poner en función esta especie de vuelta que es propiamente aquella que intentaré manifestarles a nivel que les mostraba, tal como es realizable como se da vuelta en guante, al nivel de la estructura del toro, que si el deseo debe localizarse, medirse, en función de una demanda del Otro, la estructura va a permitirnos ver, la estructura que es la estructura del toro, es que hay un fundamento estructural perfectamente —minimizo diciendo que está ilustrado por la estructura del toro, que está sostenido por la estructura del toro, el toro es la sustancia, el hipokeimenón de la estructura de la que se trata concerniente al deseo, el toro puede aparecer con evidencia, es lo que voy a mostrar a punta de tiza la próxima vez— que se inscribe de la manera más clara, la relación que hay de un sostén del deseo, no a la demanda, sino a la demanda repetida o a la doble demanda. Y el hecho de que esta figura, que es propiamente esta que les dibujo acá, la vuelta de la estructura del toro, puede manifestar materializar ante sus ojos, lo que se puede obtener de esto, y veremos lo que significa vuelta, en función de lo que sucede con la vuelta cuando de trata de las otras estructuras topológicas, a saber, del cross-cap y de la botella de Klein.
guante
querría
desvío de un pensamiento de pensamiento
calco
guante
obispo
Comencemos primero por enumerar estas cuatro formas que son: el cilindro o el disco agujereado, lo que topológicamente es la misma cosa —ustedes me cambiaran eso inmediatamente después y pondrán otro—, helo aquí, el toro, la banda de Moebius y la botella de Klein. Esas cuatro formas topológicas tienen esta constante de Euler-Poincaré.
íes
Es necesario haber llevado las cosas bastante lejos, y muy precisamente en un análisis, para llegar al punto donde tocamos en el fantasma el objeto a como el bastidor. La función del fantasma en la economía del sujeto no es en este menos soportar el deseo en su función ilusoria. El no es ilusorio. Es por su función ilusoria que sostiene al deseo. El deseo se cautiva de esta división del sujeto en tanto que es causada por el bastidor del fantasma.
guante
jade
jades agujereados
el grabado chino manifieste netamente en cosas
mitrada
círculo de Bilarzo
despliegue
al toro abierto así por el doble rizo precediendo
si el corte del toro representa, precisamente lo que aísla esta superficie de doble rizo
huidizo
reanudar
El embrague de 1 respecto de cero, que nos llega del punto donde Frege pretende fundar la aritmética, nos lo procura
hendido
párrafos
el significante se origina por el borramiento de la huella
causación, volteo, negatividad
Ustedes recuerdan el comienzo de la frase y siempre, por supuesto, para gran escándalo de la ciencia. No nos ilusionamos con el hecho yo no me ilusiono, ni espero que ustedes tampoco de que una crítica en este nivel pudiera limpiar la llaga de la hiancia del sujeto en cualquier otra parte que en el nivel donde la ciencia la mantiene suturada con el pulso de la aritmética . No se podría limpiar la llaga de los excrementos, cuyo orden de explotación social que toma asiento en esta abertura del sujeto y por lo tanto, no crea, por más que se piense aunque sea en el marxismo la alienación en el orden, pues, de la explotación social. Digo, se dedica a recubrir la susodicha llaga con mayor o menor conciencia, hay muchas cosas que sirven para eso (nota(77)) disciplina de verdad diremos en general.
La dificultad de ser del psicoanalista se sostiene en la que encuentra como ser del sujeto, a saber en el síntoma. Que el síntoma sea ser-de-verdad es lo que cualquiera acepta en cuanto sabe lo que quiere decir psicoanálisis, aunque esté hecho para enredarlo . Incluso entre aquellos que más lo enredan estoy seguro de que obtendré el conocimiento al echárselos en cara. Esto es, que la esencia del síntoma muestra posición respecto al síntoma es que es un ser de verdad.
De ahí en más se ve lo que le cuesta al ser-de-saber reconocer las formas dichosas de aquello a lo que no se acopla sino bajo el signo de la desdicha , de la desdicha de su paciente, que este ser-de-saber tenga que reducirse el del psicoanalista,a no ser sino el complemento del síntoma, esto es lo que horroriza y lo que, por elidirlo, el ser de saber en cuestión hace jugar hacia un aplazamiento indefinido del estatuto del psicoanálisis, como científico desde luego
enredarlo
la desdicha
semilla
que tenemos como analistas que tomar parte en el síntoma
machacadas
las tinieblas
No se trata de saber a qué señuelo imaginario las palabras dan consistencia al darles su sello. No son los señuelos los que engañan, son las palabras. Pero, ahí está, justamente, su fuerza
desecho
espejismo imaginario
Que me viene la idea, ella me fue refrescada por Hilbert, es Frenkel el que daba este golpe a sus oyentes: ¿cuál es el menor número entero que no esté i nscripto sobre el pizarrón?:
1; 2; 3; 4; 5 es 6 . Entonces, ¿cuál es ahora el menor número entero que no está escrito sobre el pizarrón? Ninguno, evidentemente, ¿Qué iban a decir?. Cualquiera que ustedes digan, les diré: está escrito sobre el pizarrón. ¿Eso los corta?.
Y bien, es justamente, eso es lo que es cuestión: que eso los corte. Eso reinstaura eso les muestra, eso les reintroduce, ya que es de eso de lo que se trataba está en la cuestión de lenguaje, fundado, como ustedes lo ven sobre la escritura el objeto a.
estas entrevistas que aran la base
Quiero hacer simplemente una observación que es ésta, que, por supuesto cada uno podría elevar acá. Entonces, ¿por qué Sócrates no descubrió, articuló, el inconsciente? La respuesta, desde luego, ya está inscripta en lo anterior de mi discurso; porque no había nuestra ciencia constituida. Si subrayé hasta qué punto el psicoanálisis depende de un estatuto asegurado, suturado, del ser, de saber pienso que esto podría ya pasar por una respuesta suficiente, si, justamente la cuestión no volviera simplemente, como por qué no había en tiempo de Sócrates como punto de partida una ciencia que tuviera el estatuto de nuestra ciencia aquel que definí de una cierta manera, precisamente la sutura del lado de la verdad.
Alcibíades cortaba la cola de su perra
Las propiedades privadas se ahorran, no se las hace trabajar tan terriblemente como en los regímenes de libertad mediante lo cual el problema del goce en el mundo antiguo estaba resuelto y de la manera en que pienso que ustedes ven claramente lo que es. Los seres reservados al goce, al goce puro y simple, eran los esclavos, como todo la indica, por otra parte. Al respecto, contrariamente a lo que se dice que recogían, no se maltrataba así a un esclavo, sobre todo que era un capital de hecho.
Basta abrir a Terencio, sin hablar de otros, Eurípides, para darse cuenta de todo lo que hay de relación, de refinamiento, de relaciones corteses, de relaciones amorosas, en fin, de los seres que están en la condición servil, y que nihil humanum a me alienum de
Terencio designa esto, no tiene otro sentido. ¿Por qué se iba a decir una boludez semejante si no se tratara de decir: voy ahí donde está la humanidad, con los esclavos?.
El goce del mundo antiguo es el esclavo.
Este parque reservado al goce, si puedo decirlo, es esto lo que fue el factor de inercia que hace que ni la ciencia, ni al mismo tiempo el ser—de—sujeto hayan podido elevarse. Sin duda el problema del goce se plantea en estos términos y, ciertamente, por el hecho del capitalismo, en términos un poco más complicados.
Jones que se llama Desarrollo precoz de la sexualidad femenina
Michel Foucault
Las palabras y las cosas.
La femineidad en tanto que mascarada, que es exactamente la traducción del título inglés, un excelente artículo de una excelente psicoanalista, que se llama Joan Riviere
Paradojas de la conciencia
Raymond Ruyer
The all important part normally played in male sexuality by the genital organs ,cuando habla de la amenaza parcial que representa la castración, la castración no es sino una amenaza parcial por importante que sea, de la pérdida de capacidad en el acto sexual y del placer sexual ,cuando hace notar que la mujer está bajo una dependencia estrecha con respecto al hombre en lo que concierne a su gratificación, Por razones fisiológicas y evidentes la mujer es mucho más dependiente respecto de su partenaire para su gratificación que el hombre respecto al suyo. Venus tuvo muchas más dificultades con Adonis que los que tuvo Plutón con Perséfone ,en fin, cuando precisa lo que es para él la condición misma de la sexualidad normal, para estos dos casos (hablando de las inversiones) la situación primordialmente difícil es la unión simple, pero fundamental, entre pene y vagina .
Entonces, Jones opera una división en el interior del grupo homosexual. Se pueden distinguir ahí dos grandes grupos. Primero, las mujeres que conservan su interés por los hombres, pero que tienen el empeño de hacerse aceptar por los hombres como siendo de los suyos. A este grupo pertenece un cierto tipo de mujeres que se quejan sin cesar de la injusticia de la suerte de la mujer y del maltrato de los hombres para con ellas. . Segundo, las que tienen poco o ningún interés por los hombres, pero cuya libido está centrada en las mujeres. El análisis muestra que este interés por las mujeres es un medio sustitutivo de gozar de la femineidad. Utilizan siempre a otras mujeres para exhibirlas en su lugar .
A propósito de afanisis, hemos pensado que este término no podía corresponder en el nivel clínico a otra cosa que la desaparición del deseo tal como lo entendemos. En este momento, el temor de afanisis se traduciría por el temor de la desaparición del deseo, lo que nos parece la otra cara de una de estas monedas: o bien, deseo de no perder el deseo, o bien, deseo de no desear.
Marcel, en El camino de Swann
este simio ruin
allegados
objeto-pecho
El goce no se aprehende no se concibe, sino por lo que es cuerpo.
¿Y de donde podría jamás surgir de un cuerpo algo que sería el temor de ya no gozar?. Si hay algo que nos indica el principio del placer es que si hay un temor es el temor de gozar, siendo el goce hablando con propiedad, una abertura de la que no se ve el límite y de la que no se ve tampoco la definición. De cualquier manera, este goce, bien o mal, no pertenece sino a un cuerpo. Gozar o no gozar es, al menos la definición que vamos a dar del goce porque, por lo que respecta al goce divino, remitiremos, si ustedes quieren, esta cuestión para más adelante. No es que ella no se plantee. Nos parece que hay un desfiladero que es importante captar. Es éste: ¿cómo pueden establecerse las relaciones del goce y del sujeto?. Porque el sujeto dice: yo soy. El centro, yo no diría implícito, porque también está formulado, es dicho claramente en Freud, el centro del pensamiento analítico es que no hay nada que tenga más valor para el sujeto que el orgasmo. El orgasmo es el instante en que se realiza una cumbre privilegiada, única, de dicha. Esto merece reflexión, porque, además, no es menos sorprendente que semejante afirmación comporte de alguna manera, por sí misma una dimensión de acuerdo. Incluso, aquellos que tienen alguna reserva sobre al carácter más o menos satisfactorio del orgasmo en las condiciones en las que nos es dado alcanzarlo, no irán por lo mismo, a no pensar que ese orgasmo es insuficiente, no hay uno más verdadero más sustancial, que ellos llaman con cualquier nombre del que se trate: unión, vía unitiva, fusión, totalidad, pérdida de sí, como ustedes quieran, será siempre orgasmo de lo que se trate.
sesgo
cumbre
Pero, acá tiene un valor puntiforme en otras términos, toda demanda se reduce ahí a cero.
Pero no es menos claro que emboca al deseo. La función, si se puede decir, ideal e ingenua, del orgasmo para quién quiera que intente definirla a partir de datos introspectivos es este corto momento de aniquilación momento por otra parte, puntiforme, fugitivo, que representa la dimensión de todo lo que puede ser el sujeto en su desgarramiento, en su división, que este momento del orgasmo, dije del orgasmo, se sitúa.
Está claro es a título de goce, del que para nosotros no basta constatar, que en este
momento de ideal, —insisto, sobre este ideal, está realizado en la conjunción sexual— para que digamos que es inmanente en la conjunción sexual y la prueba es que este momento de orgasmo es exactamente equivalente en la masturbación, digo en tanto que representa este punto, término del sujeto. No retenemos de esto, pues, en esta función sino el carácter de goce, el goce que no está, en absoluto, todavía definido ni motivado
la función del orgasmo con la del síntoma
lo que nosotros podemos construir de esto ahí
no estamos tristes después del coito.
Por el contrario, cuando las mujeres no gozan, se vuelven extraordinariamente deprimidas, mientras que hasta entonces ellas se acomodaban a esto extremadamente bien
Desplazamiento, traslación, manipulación, homotetia misma
pantalla
al seno de una caverna
huella
el pulgar y el codo
bisontes
hecho
ruta
el horadamiento
cuadrícula
coserse
hito
Este punto de fuga de la perspectiva es, hablando con propiedad, lo que representa en la figura el ojo que mira. El ojo no debe ser captado fuera de la figura. Está en la figura y todos, desde que hay una ciencia de la perspectiva, lo han reconocido como tal y llamado como tal
bulbo
no hago psicología de las profundidades
en la que ustedes se enmarcan
acarrear
enmohece
sesgo
Es en tanto que sujeto dividido que el analista es llamado a responder a la demanda de aquel que entra con él en una experiencia de sujeto. Por eso no es puro refinamiento y adorno detalista, pintura de un sector particular de nuestra experiencia, que ilustraría de alguna manera, lo que conviene agregar de información a lo que podemos conocer, por ejemplo de la pulsión escópica, que la última vez fui a desarrollar frente a ustedes, las funciones de la noción de perspectiva. Es en la medida, por el contrario, en que se trata para ustedes de ilustrar lo que se puede sostener de su aparato, aquello alrededor de lo cual se trata de que la subjetividad del analista se localice y localizándose no se olvida jamás, incluso en el momento en que el segundo punto de fuga, si puedo decir de su pensamiento, tiende a ser olvidado, elidido, dejado de lado, al menos en la fuerza de algún esquema se va a recordar a sí mismo que debe buscar dónde funciona este otro punto de fuga en el momento mismo, en el lugar mismo en que tiende a formular alguna verdad que, por su expresión misma, sino tiene cuidado, se encontrará volviendo a caer en los viejos esquemas unitarios del sujeto —del sujeto del conocimiento— y lo incitará, por ejemplo, a poner en primer plano aquella idea de totalidad que es, hablando con propiedad, aquello de lo que más debe desconfiar en la síntesis de su experiencia.
huir de alguna manera
haber logrado
Helo aquí
Helo aquí, a partir del momento en que está instaurado el estatuto de aquel que es supuesto saber en la perspectiva analítica renacen todos los prestigios del desconocimiento especular que no pueden sino reunificar este estatuto del sujeto, a saber, dejar caer, elidir la otra parte de aquella de la que, no obstante, eso debería ser el efecto de esta experiencia única. Eso debería ser el efecto separativo en relación al conjunto de rebaño, que algunos no solamente lo sepan, sino que estén en el momento de abordar toda experiencia del orden de la suya, que estén conformes a quien, al menos, presenta lo que concierne a esta estructura dividida.
la hendidura de los párpados, es decir también la entrada de la pupila, es decir, también lo que constituye el objeto más primitivo de todo lo que respecta a la visión, la cámara negra.
algo así chambelán o gran mariscal
En cuanto al enanito
Mirada, se nos diría si se quisiera todavía sostenerlo pero observen que en un cuadro, que sería un cuadro del juego de las miradas, no hay, en todo caso, incluso que debemos esta mirada de una de las Meninas, dos miradas que se enganchan, miradas cómplices, miradas de inteligencia, miradas de búsqueda. Doña Margarita, la niña, no mira a la acompañante que la mira, todas las miradas están en otra parte. Y, por supuesto, la mirada en el fondo de aquel que se va no es más que una cierta mirada que quiere decir: te dejo, lejos de que apunto a alguien.
Quisiera saludar entre nosotros la presencia de Michel Foucault que me hace el gran honor de venir a este Seminario. En cuanto a mí, me regocijo de tener menos que dedicarme, frente a él, a mis habituales ejercicios, que de intentar mostrarle la que hace el fin principal de nuestras reuniones es decir, un fin de formación, lo que implica muchas cosas entre nosotros. Primero, que las cosas no deben ser cosas de dos bordes, el de ustedes y el mío, e inmediatamente localizadas en el mismo nivel, sin eso para que sirven.
Es una ficción de enseñanza. Es por esta que desde hace tres de nuestros encuentros me vi llevado a volver sobre el mismo plano en varias oportunidades por una especie de esfuerzo de acomodación recíproca. Pienso que ya entre la anteúltima vez y la última se produjo un paso y espero que se de otro hoy.
Las meninas
Voy, pues, a darle la palabra. Creo que Audouard, —no se si está acá—, querrá también aportarnos algunos elementos de interrogación e inmediatamente después intentaré, respondiéndoles, —quizás, espero—, llevar al señor Michel Foucault, a darme algunas observaciones. En todo caso, ciertamente, no dejaré de interpelarlo.
No somos los únicos trabajando en el mismo campo.
Lo que el señor Michel Foucault había escrito en su primer capitulo(97) fue inmediatamente notado por algunos de mis oyentes debo decir, frente a mí, como debiendo constituir una especie de punto de intersección particularmente pertinente entre dos campos de investigación y es, en efecto, así que hay que verlo. Y diría tanto más cuanto nos aplicamos a releer este asombroso primer capítulo, del que espero de aquellos que están aquí se hayan dado cuenta que está retomado un poco más lejos en el libro, en el punto clave, en el punto pivote en el que se hace la conjunción de este modo constitutivo, si se puede decir, de las relaciones entre las palabras y las cosas, tal como se estableció en un campo que comienza en la maduración del siglo XVII para culminar en este punto particularmente ejemplar y particularmente bien articulado, en su libro, que es el del pensamiento del siglo XVIII.
En el momento de llegar a lo que hace a su fin en su perspectiva, en el punto al que nos llevó el nacimiento de otra articulación, la que nace en el siglo XIX,, la que le permite ya introducirnos, a la vez, la función y el carácter profundamente ambigüo y problemático de lo que se llaman las ciencias humanas, acá Michel Foucault se detiene y retoma su cuadro de Las meninas alrededor del personaje —a propósito del cual nosotros mismos dejamos la última vez suspendido nuestra discurso, a saber, en el cuadro la función del Rey. Verán que es lo que nos permitirá hoy, si tenemos tiempo, —si las cosas se establecen como espero establecerlas para mi—, la conjunción entre lo que acabo de traer aportando esta precisión de que la geometría proyectiva puede permitirnos poner en lo que se puede llamar la subjetividad de la visión de hacer la conjunción de esto con lo que aporté ya desde hace mucho tiempo bajo el tema del narcisismo del espejo. El espejo está presente en el cuadro bajo una forma enigmática, tan enigmática que humorísticamente la última vez pude terminar diciendo que, después de todo, a falta de saber qué hacer con eso, podríamos ver ahí lo que parece ser, de una manera sorprendente, en efecto, algo que se asemeja singularmente a nuestra pantalla de televisión.
En resumen, por mi cliché, la última vez maldije a la Escuela del Louvre. Me equivoqué y fui a pedir excusas. Mi cliché era, no solamente muy suficiente, sino, ustedes van a verlo excelente. Es, pues, una cuestión de lámpara. Naturalmente, hay que bajar esas cortinas si queremos tener la proyección. Entonces, háganlo rápido, sean amables. Está bien, gracias. Entonces, vaya Gloria,: ponga Las meninas.
Luego, retomé el texto de Foucault, ese capítulo tan notable para constatar ahí un cierto número de puntos de convergencia con lo que acabo de decirles y, fundamentalmente, lo que él mismo dice del pintor.
Dice, su talle oscuro y su rostro claro son intermediarios de lo visible y de lo invisible. Por el contrario, Foucault, me parece haber sido muy silencioso sobre la pareja de la que acabo de hablar. Hace alusión del resto, habla del cortesano que está ahí y no habla, en absoluto, del personaje femenino, que, por lo que parece, parece ser una religiosa por lo que se puede ver.
Ahí, debo decir que la reproducción que está en el libro de Foucault, no permite verlo en absoluto, mientras que en la reproducción que acaba de fijar Lacan aquí permite pensar que hay fuertes razones para que sea una religiosa. Y encontré, evidentemente e n el texto de Foucault, un cierto número de oposiciones sistemáticas que aclaran la estructura del cuadro. Algunas de estas oposiciones ya fueron traídas a la luz y, principalmente, por ejemplo, esta oposición del espejo como soporte de una oposición entre el modelo y el espectador; el espejo como una oposición al cuadro y a la tela, principalmente en lo que concierne a esa tela, una formulación de Foucault, que nos recuerda, creo, mucho la barrera de la represión, ella impide que jamás sea localizable, ni definitivamente establecida, la relación de las miradas.
Velázquez
el escíbalo
A continuación vemos ahí, que hay un campo donde al sujeto está implicado de una manera inminente, porque para nosotros —cuando digo nosotros, digo usted y yo, Michel Foucault— que nos interesa más la relación de las palabras y de las cosas, porque, al fin de cuenta, no se trata sino de eso en el psicoanálisis, vemos bien, a continuación también, que este sujeto escópico interesa eminentemente a la función del signo. Se trata, pues, de alto que, desde el inicio, introduce una dimensión totalmente diferente de la dimensión que podemos calificar en sentido elemental, con la palabra física, que represente al campo visual en el mismo. Ahí, no hacemos algo de la que no se si aceptarás al titulo, a usted le corresponde decírmelo, si intentamos hacer sobre un punto preciso, o por algún sesgo, algo que se llama historia de la subjetividad, es un título que usted aceptaría, no como subtítulo, porqué creo que ya hay uno, sino como sub-subtítulo, ¿es cierto?, y definiéramos, ya sea un campo como usted lo hizo, para el Nacimiento de la clínica o para la Historia de la locura, o un campo histórico, como en su… Es muy claro que la función del signo aparezca ahí, ese algo es lo esencial, este función esencial que usted da en un análisis semejante.
Desargues
yoes ideales
abrir las ajos simplemente
He dicho bastante desde hace mucho tiempo que las relaciones del sujeto al Otro no son recíprocas, para ir a caer en esa trampa hoy.
susodicha
algún perchero enganchado a una varilla para cortina
recurrir
jarrón
Con toda la amabilidad de la que soy capaz cuando trabajo con alguien, no hice sino recoger lo que en este cabo podía parecerme favorable para recordar aquello de lo que se trata, es decir de una articulación que vuelve absolutamente necesario mantener en estas funciones su estructura con lo que esta estructura impone del registro del inconsciente, que lo figuré mediante esta imagen del punto S en relación a un espejo
Dios ha muerto, todo está permitido, dice el viejo imbécil, que se llama el padre Karamasov o bien Nietzsche, sabemos todos que desde que Dios ha muerto todo está como siempre, en la misma posición, a saber, que nada está perdido, por la simple razón de que la cuestión, no de la visión de Dios y de su omniciencia, ahí está lo que está en causa, sino del lugar y de la función de la mirada, ahí está el estatuto de lo que adivino de la mirada de Dios, no está volatilizado. Es por eso que les hablé como pude hablarles de la apuesta de Pascal, porque como dice Pascal estamos comprometidos,y que las cuestiones de esta apuesta se sostienen siempre y que estamos siempre jugando a la pelota entre nuestra mirada y la mirada de Dios, y algunos otros pequeños objetos, como el que nos presenta , en este cuadro, la Infanta.
que le pinto siete u ocho
esta llaga
La neurosis tiene esta relación al Otro, de que su demanda apunta al deseo del Otro y que su deseo apunta a la demanda del Otro. En este entrecruzamiento, que está ligado a las propiedades lo acentué muchas veces de la estructura del toro, yace la limitación de la estructura neurótica. De otra dimensión se trata para los otros objetos que ya introduje en un cierto cuarteto que, quizás es un cuadrante, a saber la voz y la mirada.
la esquinita o la puntita del pañuelo
Es también si hay una, toda la cruz con la que me las tengo que arreglar con mis relaciones con los analistas, a saber, que se la hemos representado así de una manera que se interrumpe. Tomamos, pues, dos líneas que no están en el mismo plano.
socavarlo
especies de gusanitos
un pequeño garabato
Las tribulaciones del estudiante Toerless
Verdaderamente, como todo el mundo sabe, si no dice de qué habla no es simplemente porque no sabe nada de eso, es porque no puede saberlo. Es propiamente lo que quiere decir que hay inconsciente, inconsciente irreductible, Urverdrängung.
hablar de costado
La cuestión es de todos modos esta práctica para ustedes analistas se formula de una manera muy gentil, muy ingenua. ¿Es verdaderamente necesario aprender la topología para ser psicoanalistas?, porque, al fin de cuentas, y no es con bebés que se intercambian estos diálogos, en este tipo de preguntas culmina un cierto atolladero, aunque me lleva a zanjar entre notas mucho más matizadas que las que habla hachado sobre este tema, pero es necesario romper la ola —y tengo otras cosas importantes hoy que decirles para romperla— y responder a esta pregunta. Cualquiera que la planteé es ya en la medida en que les doy esa respuesta.
La topología no es algo que debe aprender de más, de alguna manera, como si la formación del psicoanalista consistiera en saber con qué pote de color fuera a pintarse. No hay que plantearse la cuestión de saber si debe aprender algo concerniente a la topología cuya etiqueta resumida, y yo diría imprecisa, con la cual designo lo poco que aparto de eso acá, es que la topología es la tela misma en la que corta, lo sepa o no. Poco importa que abra o no, un libro de topología desde el momento en que lo que hace psicoanalistas es la tela en la que corta, en la que se corta el sujeto de la operación psicoanalítica, patrón, vestido, modelo, y que lo que puede estar en causa en lo que hay que descoser y recoser si su topología se hace engañándose, es a expensas de su paciente. No es de ayer, desde luego que intenté formar esta construcción, estas redes estos carteles indicadores, estas redes orientadas que se llaman sucesivamente esquema o esquema , grafo o en fin, este año…desde digamos, algunos años el uso de la superficie del análisis situs.
scubalón, lo que se arroja
amojona
El campo del Otro es esto que se trata de interesar en el deseo. El deseo viene a interesar al Otro y está ahí la esencia diferente de los otros dos objetos .
Embarazado está el sujeto, frente a este goce y esta barrera que lo embaraza es, muy precisamente, el deseo mismo. Es por esto que proyecta en el Otro, este Otro cuyo maniquí nos localiza Freud bajo la forma de ese padre asesinado, donde es fácil reconocer al amo de Hegel en tanto se sustituye al amo absoluto. El padre está en el lugar de la muerte y se lo supone haber sido capaz de sostener todo el goce. Es verdadero en Freud, aparte de que también en Freud podemos darnos cuenta de que es un espejismo, no es porque es el deseo del padre al que míticamente se planteó en al origen de la ley, gracias a la cual lo que deseamos tiene por mejor definición lo que no queremos. No es porque las cosas son así que el goce está ahí detrás del soporte del mito del Edipo, luego lo que llamé su maniquí.
Aparece, por al contrario, también que esto no es ahí sino un espejismo, que es ahí también que no tenemos ningún trabajo en apuntar el error hegeliano, hablo del que en La fenomenologia del espíritu atribuye al amo, al de la lucha a muerte por puro prestigio —ustedes conocen la cantinela, espero— atribuye al amo guardarse para sí el privilegio del goce, esto bajo el pretexto de que el esclavo para conservar su vida ha renunciado a este goce. Pienso que ya una vez, hace algunos Seminarios, apunté un poquitito la cuestión por ese lado. ¿Por qué?, ¿dónde tomar las leyes de esta singular dialéctica, dónde pasaría a renunciar al goce para perderlo?. Pero, ustedes no conocen las leyes del goce. Es probablemente lo contrario; es incluso seguramente lo contrario. Es del lado del esclavo que queda el goce, y justamente porque renunció a él. Es porque el amo yergue su deseo que viene a culminar sobre las márgenes del goce. Su deseo, incluso, no está hecho sino para esto, para renunciar al goce y es por esto que emprendió la lucha a muerte por puro prestigio de manera que la historia hegeliana es una buena broma que se justifica bastante que sea totalmente incapaz de explicar cual puede ser el cemento de la sociedad de los amos, mientras que Freud da así la solución, es muy simplemente homosexual. Es el deseo, es verdad, de no sufrir la castración mediante el cual los homosexuales, o más exactamente, los amos son homosexuales, y es lo que Freud dice:
el punto de partida de la sociedad es el lazo homosexual precisamente en su relación a la interdicción del goce, al goce del Otro, en tanto que es aquella de lo que se trata en el goce sexual, a saber, del Otro femenino. Esto es lo que en el discurso de Freud es la parte enmascarada. Es extraordinario que por enmascarada que esté, esta verdad que se despliega a cada momento —es el caso de decirlo—, en su discurso, por poco que, en todo caso, venga de nuestra experiencia, a saber que todo el problema de la unión sexual entre el hombre y la mujer, sobre el cual hemos derramado todas las boludeces de nuestro pretendida estadio genital de nuestro fabulosa oblatividad, este problema que es verdaderamente aquel sobre el que el análisis jugó al papel del oscurantismo más furioso y este problema entero reposa sobre esto, es la dificultad el extreme obstáculo a lo que en la unión intersexual —la unión del hombre y la mujer—, el deseo concuerda. Dicho de otro modo, que el goce femenino. Lo que se sabe desde siempre, desde Ovidio, lean el Mito de Tiresias; hay ahí veinte versos de Ovidio que puse en mi primer informe, el de Roma, porque es un punto esencial y que intenta hacer evocar luego cuando se habló de la sexualidad femenina en Amsterdam.
el padre acapara
tantas añadiduras
perogrullada
a continuación de lo que tenemos que decir, que repetir, cómo se corta en una tela que es común esta relación del sujeto al Otro, este advenimiento del sujeto en el significante, gracias a lo cual se sostiene en este fantasma en su relación con lo real, gracias a lo cual la opacidad nos aparece de un goce indefinido.
cabeza al revés y nos empujaría, incluso, a hacer cosas tan exorbitantes como un peritaje médico legal sin contar el descrédito que recaería sobre el alto clérigo, no obstante, muy conocido por ser particularmente experto en esas prácticas, mientras que en nuestros días se cree forzado a disimular esas cosas que no son signos sino de una relación sana y normal a las cosas fundamentales.
Es que en suma, para hablar totalmente científicamente de la perversión, seria necesario partir de esto que es, muy simplemente la base, en Freud. Se ha dicho, se ha traído tímidamente, estos Tres ensayos sobre la sexualidad. Bien, es que la perversión es normal.
Es muy claro que es el mismo problema que el de nuestro amigo Michel Foucault, que no está tampoco, no se creyó invitado al Seminario cerrado, es una lástima, nuestro amigo Michel Foucault, en suma, aborda con excelentes libros, —como aquéllos a los cuales nos hemos remitido, la Historia de la locura, o El nacimiento de la clínica. Ustedes comprenderán porqué, primero, hay perversos normales; segundo, hay perversos considerados como anormales, es lo mínimo; que si a partir del momento en que hay perversos anormales, hay también gente para considerarlos como tales a menos que las cosas estén en el orden inverso. Pero no es necesario forzar nada.
En fin, dejemos. La observación que es aquella etiquetada por Jean Genet de que hay siempre en el ejercicio del acto perverso un lugar donde el perverso sostiene por mucho que sea, ubicada la marca de lo falso.
Las memorias del abad de Choicy vestido de mujer,
Ustedes verán a alguien no solamente totalmente a sus anchas en su perversión, y esto de cabo a rabo, lo que no le impidió ser alguien que llevó una carrera lograda en el respeto general, recibir todas las marcas de la confianza pública, incluso real, y escribir con una perfecta elegancia un informe de cosas que en nuestros días nos pondría, literalmente la
las acontecimientos
arreglo
Esto puede tener orígenes nobles: el masoquismo, por ejemplo. Es una excelente posición.
hoz
decir boludeces
En fin, la lluvia de mierda es, evidentemente, menos elegante que la lluvia de fuego en Dante, pero no están tan lejos una de la otra.
a cubeta
el acarreo de cubetas.
las mecanismos, las puntos de forzamiento, los puntos de abuso
Todo al mundo supo que la mierda tiene la relación más estrecha con toda especie de educación, hasta aquella, ustedes lo ven, de la virilidad ya que después de haber hecho eso se sale del regimiento hecho un hombre. Lo que estoy diciendo, se trata de una teoría y algunas saben muy bien a cual apunto. Es que si ustedes releen atentamente todo lo que se dijo de esta dialéctica fálica, especialmente en el obsesivo, del tocar y del no tocar, y de la precaución y del aproximarse y todo eso, huele mierda. Quiere decir que, aquello de lo que se trata es de una castración anal, es decir, de una cierta función que, en efecto interviene al nivel de la relación de la demanda del Otro o de la fase anal, es decir, esta primer funcionamiento del pasaje de un lado al otro de la barra, que hace que lo que está de un lado con el signo más (’+ ) esté del otro con el signo menos (’- ). Uno da o no da, su mierda y así se llega o no se llega a la oblatividad.
huele mierda
Es totalmente de don y de regalo, como lo sabemos desde siempre, por lo que Freud no dijo nunca otra cosa. No se trata jamás, cuando se da lo que se tiene, que de dar mierda.
Es por eso que cuando intenté definir para ustedes el amor, es una especie así de flash, es que al amor era dar lo que no se tiene. Naturalmente no basta repetirlo, para saber lo que eso quiere decir.
que él vuela hacia su bien amada
que el nudo de la cuestión está en este cofrecito y que ahí roza verdaderamente la perversión. ¿Qué es este cofrecito y qué es lo que pone dentro?, y si él no puede impedirse decir si, después de todo,—¿por qué no?— ya que es un cofrecito se ponen también joyas y las joyas son mierda. Lo que el encadena en relatos de masturbación anal, dice.
i(a), imagen real del cuerpo, sino i’(a), imagen virtual.
En un momento dato de su análisis, un paciente cae enamorado y esto se acompaña de su impotencia en al plano sexual; Es como si cada parte de su cuerpo estuviera puesta en un cofrecito dice hablando de la persona que ama, de donde concluí en una presencia de una intención protectora frente al cuerpo del objeto amado, pero también de su falo que no llega a poner en uso y partiendo de una identificación de estos dos términos. Esto, evidentemente, llama a muchas precisiones, que justamente, van a desplegarse a continuación. Además, quizás no carece de interés subrayar esto de que el mismo objeto que lo fascinaba no dejaba de inspirarle, por momentos, un cierto disgusto.
Por ejemplo, notando una falta de apego a nivel de la muñeca, lo que quiere decir también que no ha dejado de detallar este objeto al indicio de que su relación no era totalmente extranjera a la dimensión narcisista. Digo, en efecto, porque es él mismo el que la calificaba así. Pero, lo importante es que paralelamente a este amor, calificado por el de narcisista, estaba también ligado a una manera que él calificaba de anaclítica a otra joven, que no solamente lo metía, sino que le demandaba expresamente dejarse meter en una posición enteramente pasiva a fin de verter sobre él todas las excitaciones perversas que le complacían.
De dónde se plantea la cuestión?, ¿protege de qué? Seguramente, no de la muchacha honesta, sino de la otra, la que él llama la perversa. Esto ilumina un hecho que hasta ahí yo no había subrayado, a saber, que estando toda su angustia comprometida efectivamente en sus relaciones con su bien amada, es decir, aquella que era un polo del deseo, término del que se puede ver cuánto más adecuado as hablar simplemente del narcisismo como lo hace él, porque él no ve sino i(a), porque nada es visible en principio, sino i (a). Es ahí que toda su angustia estaba comprometida: llegará, no llegará, mientras que esta angustia estaba perfectamente ausente en su relación con la muchacha perversa, que podemos, pues llamar, designar como polo de demanda, de lo que podemos ver cuanto más adecuado sería que hablar de relación anaclítica como lo dice él mismo
sesgo
zanjar
valdría
Voy, de todos modos para concluir la cosa de Safouan, a decirles algo que me vino a la mente, como se dice, no obstante ustedes oyeron bien que inmediatamente después de su doble compromiso con estos dos objetos tan diferenciados hizo este sueño concerniente a la pierna de su amigo en una media y es alrededor de esto que todo gira, y toda la fenomenología de la castración, que tan sutilmente les presentó Safouan.
Esto me recordó lo que Napoleón decía de Talleyrand: una media llena de mierda.
Green: —Una media de seda.
Lacan: —Si, pero eso plantea problemitas. La pierna, Napoleón conocía un pedazo en cuanto a lo que resulta del amor. El decía que lo mejor que uno tenía que hacer era agarrarla de su cuello, las piernas, se entiende. La única victoria en amor es la huida. EL sabia hacer al amor, tenemos pruebas. Por otra parte, es evidente que la mierda tenía un lugar muy grande en la política de Talleyrand. En fin, él tenía también ciertas relaciones a la omnipotencia y que su deseo la haya encontrado bastante bien encaminado es lo que no deja dudas. Es necesario, pues, también desconfiar de esto, del objeto del deseo del Otro: ¿qué es lo que nos conduce a pensar que es mierda?. En el caso de Napoleón, puede haber ahí un problemita concerniente a Talleyrand, que lo tuvo al fin de cuentas. Es esto. Era simplemente un orden de reflexión que quería proponerles y que vine como codicilo a lo que les dije del objeto a hoy.
—
Reading books with ReadEra
https://play.google.com/store/apps/details?id=org.readera.hl=en