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Seminar 12

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Seminario 12-1

El psicoanalista está en derecho de afirmar algo: los síntomas - en sentido analítico del término que no es el del signo, sino de un cierto nudo cuya forma, su apretamiento, el hilo, no fueron nunca denominados con propiedad más que como cierto nudo de signos - lo que es propiamente el fundamento de lo que se llama el síntoma analítico, a saber, algo de instalado en lo subjetivo, no podría ser resuelto por ninguna forma de diálogo razonable y lógico. Aquí, el psicoanalista afirma a aquél que sufre de ello al paciente - : “Usted no será liberado de ese nudo más que en el interior del campo”. Pero esto es decir que existe al para él - el analista - más que una verdad empírica en tanto que él no la maneja más que en razón de la experiencia; que hay caminos que se trazan en condiciones de artificio en la experiencia analítica. Es decir que todo sea dicho a nivel de eso, de lo cual, él puede testimoniar de su práctica en términos que son los de las demandas de transferencia, de identificación


Es cuestión de saber, si reuniendo por lo que yo enseño, a aquéllos que así ponen en duda, a justo título, el estatuto natural del ser humano, es cuestión de saber, si haciendo las cosas así favorezco - como me lo reprochaba recientemente alguien muy próximo a mí - la resistencia de aquéllos que aún no han franqueado la frontera, que no han venido al análisis. O si la verdad de lo que aporta el análisis puede ser, si o no, un acceso para entrar allí. Si un cierto modo de rechazo de un discurso que engloba la experiencia analítica y en mayor proporción, legítimamente, que esta experiencia no es posible más que por el hecho de una determinación primordial del hombre por el discurso. Si haciendo así, abriendo la posibilidad que se hable del análisis fuera del c ampo analítico, yo favorezco, o no, la resistencia al análisis. Y si la resistencia, de la cual se trata, no está en el interior de una resistencia del analista a la apertura de algo que la comprenda.


Es por eso que Freud llevaba la mano sobre la frente de su paciente cuando él quería levantar las resistencias. No es fácil operar allí con esos modelos topológicos, no lo es más para mí que para ustedes. Ocurre que alguna vez cuando estoy solo, me embrollo. Naturalmente cuando llego ante ustedes he hecho ejercicios.


el libro de Vigo Sorensen, de Copenhague, de Gardiner, de Oxford


Sin duda el análisis nos ha enseñado un cierto camino de acceso al entre-dos, un cierto modo que el sujeto puede tener de desorientarse en relación a su situación entre esas dos esferas. Puede ocurrirle meterse en el entre-dos, lugar del sueño, lugar de lo Unheimlich


media


El instante de ver es siempre un cuadro. Afirmo contentarme con un estadio constructivo, una marcha de nuestro progreso, en suma de este manejo, de lo que hay de propiamente espacial en nuestra experiencia del sujeto, y si ustedes quieren de la res extensa, tal cual ella puede traducirse para nosotros. Entiendo, en la medida en que estamos forzados a hacer su purificación, su extracción por vías diferentes a las de Descartes, no ya a tomar este pedazo de cera, tomado de tal modo en lo maleable, informe y accesible a la reducción de todas sus cualidades, pero de lo cual puede ocurrírsenos la duda, si estamos menos seguros que aquél de la ausencia de trama común entre res cogitans y res extensa, si pensamos que la res cogitans nos libra un resto dividido dispuesto bajo el golpe de los efectos del lenguaje, si ya en esta esquizia, esta división, no estamos llamados a hacer intervenir un esquema que no es de ningún modo extendido, pero que es pariente de ello.


momento en que se pronuncia ese “Yo soy un hombre”. Lo digo rápidamente por miedo a que los otros lo hayan dicho antes que, no me dejen sólo detrás de ellos.


En toda identificación, hay lo que yo llamo “el instante de ver”, “el tiempo para comprender” y “el momento de concluir”. Reencontramos allí, lejos de ser idénticas, las tres dimensiones del tiempo.


Llegamos a esto: que la demanda como tal, si lo que yo llamo demanda es ese movimiento circular que tiende a ser en sí mismo paralelo y siempre repetido, en la medida que ella no es en absoluto esencial a ser reducida, la demanda de satisfacción de la necesidad, de donde una psicología empírica tenderá a hacerla partir, pero ella, es aquello en lo cual el discurso se inscribe en el lugar del Otro, en tanto que eso que se dice en el lugar del Otro, es una demanda, aunque para la conciencia del sujeto, ella esté oculta.
La esquizia causada por la demanda del sujeto ($(D).


Los golpes de cerco, los giros, las vueltas, la ambigüedad, la alienación, lo desconocido de la demanda después de ese tiempo para comprender, es un momento, el único decisivo, el


Por el momento entendamos que la demanda está definida como el discurso que viene a inscribirse en el lugar del Otro. La demanda, desde donde ella parte, progresa necesariamente hacia un punto, que es aquel que designo como el punto de la identificación.


ese velo singularizante topologizado que acabo de darles del sujeto, como siendo el sujeto de la palabra determinado por el lenguaje


la demanda, la transferencia y la identificación


Cosas que tienen valor de significante sin que, ningún intercambio, metáfora, no sea nunca aprehendido, accesible, comprensible. Seguramente, allí aprehendemos la divergencia, la ambigüedad, las dos partes que de ese hecho se proponen y que son, tanto por Freud, como por los autores, subrayadas, a saber: que en ciertos casos dominan lo que se pueden llamar los efectos de significación


La palabra verdadero tal como yo la empleo quiere decir: real.
Pues o esto es algo en su género que está en escuchar como lo real, siendo ese real que estamos muy prestos a admitir como siendo la dimensión de lo imposible, lo real, donde todo lo que yo les digo, no tiene ningún lugar de ser.


título de un libro no muy brillante, “Ben Hur” -


Es a este nivel que se sostiene el resorte, el modo del cual tenemos que definir topológicamente de lo que se trata en el análisis, es precisamente la localización del deseo. No de tal o tal deseo, que no es más que sustracción, metonimia, hasta defensa, como es su figura más común cuando se trata de localizar ese deseo donde el análisis debe encontrar su término, sobre todo su acento, si como lo hemos anticipado es el deseo del analista quien es el amo del análisis; ese deseo debemos saber definirlo topológicamente en relación con ese fenómeno que le está ligado de un cierto modo que no hacemos más que aprehender, a saber, la identificación.


paráfrasis


trastabilleo


el deseo del psicoanalista


cero


colmo


Puedo marcarles que un paso fue franqueado al nivel de la escuela estoica el ónoma(14) como opuesto a la lexis(15), a saber como una de las dos funciones esenciales del lenguaje. El ónoma se llama cuando se trata del nombre propio, el curioso ónoma, el nombre por excelencia. Es con los estoicos que el idion(16) toma el paso. El nombre que les pertenece. Está allí esa falta de la lógica.


ónoma


Sócrates deseaba la muerte.


En efecto; tanto que no se tiene de ello una idea adecuada de lo que puede ser una voz más allá de su fenómeno, lo que eso quiere decir en su campo subjetivo, tanto que no tiene de ello lo que permite en mi discurso para formularlo como ese pequeño objeto caído del Otro, el objeto a, para llamarlo por su nombre. No tenemos el aparato suficiente para situar sin imprudencia a la función de la voz en un caso como el de Sócrates, en efecto, privilegiado.


ahorrarán


pritáneo


el Ideal del yo, lugar de la función del trazo unario, de nuestra suspensión del sujeto en el campo del Otro, alrededor del cual, sin duda, se juega la suerte de las identificaciones del yo en su raíz imaginaria, pero también, por otra parte, el punto de regularización invisi ble, si ustedes quieren, pero pongo este invisible entre comillas pues si él no es visto en el espejo, su relación a lo visible está a retomar enteramente - el año pasado he dado los fundamentos de ello.


El yo bajo la forma de historias sucesivas de yo ideales, incluyendo aquellas, toda la experiencia de lo que se podría decir de la toma entre manos de la imagen del cuerpo.
Está allí desde siempre, lo que he acentuado bajo el título del estadio del espejo, del carácter nodal de la relación del yo a la imagen especular.


Aquí, el deseo es algo que nos ocupa en el inconsciente freudiano, esto es en la medida en que él es otra cosa que lo que se ha llamado hasta ahora, tendencia desconocida, misterio animal; si el inconsciente es lo que es, esta abertura que habla, el deseo está, para nosotros, en formular en alguna parte en alguna parte en el corte carácterístico de la escansión de ese lenguaje y esto es lo que trata de expresar nuestra referencia topológica.


cierta dificultad que tiene el analista con su propia teoría.


desarrolla


el uno teniendo necesidades, el otro para satisfacerlas


plantea


el Otro del sujeto cartesiano, ese Dios, del cual les he dicho que no se trata tanto de saber si es o no, engañador. Lo que Descartes no promueve es si él no es engañado. Si Descartes no lo promueve es por una razón: es que ese Dios no engañador, el cual él hace tan gEnerosamente remisión de lo arbitrario de las verdades eternas, ¿no ha sentido desde siempre que hay, por parte del gran jugador, enmascarado algún engaño? ¿Qué importa dejarle algún engaño si el del Cogito le sustrae su certeza por ser quien piensa res cogitans? Dios puede ser el amo de las verdades eternas, él mismo no está asegurado en esta remisión, que él mismo lo sepa.


les diga lo que es un objeto a en la psicosis, la neurosis, la perversión. Eso no es parecido.


Esto es lo que Sócrates hace con Alcibíades en menos de dos (…) diciéndole: “Mira no, lo que yo deseo, sino lo que tú deseas, y mostrándotelo, yo lo deseo contigo”; es ese imbécil de Agatón


La parte de usted incapaz de ir mejor, que ha hecho alianza conmigo y se tiene por encima de la cabeza del modo en que usted continúa siendo incapaz de hacer un paso hacia lo que le falta; éste es el statu quo y el modo en el cual usted no puede avanzar para aprehender un objeto que desea.
Es como una confesión de placer, su boca hambrienta de bebé, en los dos. Como usted no puede hacer más que una cosa a la vez, el otro va a sucumbir en el hambre y va a morir por ello. Es por lo cual le he puesto a la espera de conservar el status-quo y de no sentir lo que usted puede hacer, pues eso significaría que uno de ustedes, self (yo) sería abandonada para siempre y muerta de hambre”.


El deseo del Otro se presenta en ese campo radical donde el deseo del sujeto le es irreductiblemente no anudado, sino precisamente en esa torsión que trato de representarles aquí con mi botella. Esto es insostenible y exige intérprete mayor, aquél con el cual no hay cuestión : esto es la ley.
La ley soportada por algo que se llama: el nombre del padre.


la ligazón del deseo, con el deseo del Otro. El otro no es deseado en tanto que es el deseo del Otro quien es determinante, esto es en tanto que el Otro es deseante.


En su momento lo he articulado alrededor de “El Banquete”. Alcibíades se aproxima a Sócrates y quiere seducirlo para arrebatar su deseo y toma la metáfora de la cajita en forma de sileno, en el centro de la cual hay un objeto precioso. Sócrates no posee otra cosa que su deseo. El deseo, como Platón mismo lo articula en Sócrates, no se atrapa así, ni por la cola, como dice Picasso, ni de otro modo, en tanto que el deseo es la falta.


Hasta el cabo de esta reanudación de la observación, de esta colección que se termina en una suerte de satisfacción general, de happy end, tan ilusorio como el resto, ella no se da cuenta de lo que se trata verdaderamente. Cree que el arma del paciente, eso deviene el mal niño, estaba en reducir a su padre a nada, de reducirlo a ser un mal objeto, entonces, que él no tiene nada de semejante a eso. De lo que se trata, no es del efecto que el niño trata de producir, sino del efecto que resiente él de ello, a saber, de estar ubicado en ese punto ciego que es el objeto a y si la analista hubiera sabido justamente ubicar la función de su deseo, ella se habría dado cuenta que el paciente hacía efecto en ella misma. Esto, a saber, que ella era transformada por él en objeto a y la cuestión es saber por qué ella ha soportado diez años una tensión que el era a ella misma tan intolerable, sin preguntarse qué goce encontraba allí, ella misma.
Allí se puntúa lo que se llama más o menos legítimamente contra-transferencia y cómo es siempre de eso de lo cual se dice, en la neurosis de transferencia, que es el resorte de los análisis interminables.


La neurosis de transferencia es una neurosis del analista. Se evade en la transferencia en la medida en que él no está en el punto en cuanto al deseo del analista.


jerarquía


rozar


El psicoanálisis es una lógica. Inversamente se puede decir que la lógica tiene mucho que esclarecer sobre ciertas cuestiones radicales planteadas en el psicoanálisis.


sordera


El hecho que esta sala esté llena, nos prueba que no pongo aquí ninguna barrera artificial, que dejo a cualquiera que se presente con el deseo manifiesto de tomar parte en nuestro diálogo.


Cómo la transferencia, en tanto se refiere a nosotros, al doble polo en lo que hay en el amor para nosotros de más auténtico y también de lo que se manifiesta en nosotros en la vía del engaño?


La Psicología de los yo” (sic) -referencia de Lebon - capítulo VII - La Identificación.


la identificación directa del deseo al deseo.


La identificación fundamental por la cual nos dice, es la histérica quien nos da su modelo.
En ella, en él, en esta suerte de paciente, no es necesario mucho para localizar algún signo, allí donde se produce un cierto tipo de deseo. El deseo de la histérica funda todo deseo como deseo de histérica. El juego, el tornasol de la decodificación, de la repercusión infinita del deseo sobre el deseo, la comunicación indirecta con el deseo del Otro, está allí, instaurada como tercer término . ¿ No es suficiente decir que el agrupamiento permanece indisociado, heteróclito, en ese capítulo esencial que Freud cree deber reunir?


las posiciones subjetivas.


la privación, de la frustración, y de la castración


Toda la experiencia analítica después de Freud, se inscribe al nivel de una exploración más y más escudriñadora de la frustración, de la cual se ha articulado que constituye la situación esencial del progreso en el análisis y que todo el análisis transcurre a su nivel.


La castración en lo vivido terminal de un análisis de neurótica, o de un análisis femenino, es, hablando propiamente, impensable. Si la operación analítica no es otra cosa que esta experiencia conjugada de la demanda, de la transferencia, en el curso de la cual el sujeto tiene que hacer la experiencia de la falla que lo separa del reconocimiento que él vive en otra parte que en la realidad y que en esta experiencia de la abertura (béance ) está todo lo que él tiene que integrar en la experiencia analítica.


mozo


En el análisis, lo perciben bien, reunimos toda la cuestión de la esencia de Wunsch, del estatuto de la verdad. Es hacia esta mira, a través de algunas etapas, que trataré de plantear la dialéctica de la demanda y del de deseo.


alucinar la realidad


Esa partida del sujeto deseante, en tanto que es sujeto sexual, que es por lo cual, en la doctrina de Freud, la realidad, originalmente, radicalmente, se alucina. Esto es lo que se trata de recordar, de presentificar en la doctrina, lo que ocurre en el análisis mismo.


No podemos referirnos a la opacidad de la cosa sexual, del goce que motiva de ello del modo más oscuro, más mistagógico, la cosa de la cual se trata, que he llamado en alguna parte, la cosa freudiana. No hay allí oferta a la comprensión, por lo que, precisamente da a esa palabra su sentido irrisorio, a saber, que se comienza a comprender bien, a partir del momento en que no se comprende nada más.


mistagógico


desdichada


restallante


Ese “todo es dicho” es extenuante. Ese “todo a decir” nos arrastra a escribir volúmenes.
Esa fecundidad del “Todo a decir” de la cual hablaba yo a un matemático. Fue de él de quien partió el grito:“¿No hay allí una cierta relación con lo ustedes hacen con el psicoanálisis?“. Esto es lo que voy a responder.


instransparencia


yace


lexis


aislados


Si esta persona hubiera querido ubicar mejor la articulación entre el $ y la D por la disyunción - exclusión, se habría percibido que es en correlación a la demanda que aparece el $, lo cual no deja de tener relación con esta función del silencio.
A decir verdad, se prefiere hablar de ello en términos emocionales, de efusión, en ciertos lugares. Es en esta hora de silencio - que un cierto analista - no hay razón para que yo no esboce el perfil al cual deberé volver, sobre el modo de asumir una función analítica - es la hora donde la función de la transferencia se encuentra en el procedimiento llamado de aireación: ¡ que se abran las ventanas.
Es verdad que después de un cierto modo de interpretar la neurosis de transferencia…


extrachata


Hablaré la próxima vez del silencio cuando haya hablado del grito.


vodkanizadas


Lo que da esto: ¿mierda?- con un tono interrogativo; ¡mierda . con un tono bramante-mierda … mierda….


Que la frustración en el análisis, de modo semántico es algo que parte en sí, su centro, su esencia, su acto, es en vano esta cosa que frustra, su estatuto, la decepción, bajo su vertiente más imaginaria y esto no excluya que su referencia objeta sea algo dé lo real.
Que lo que es su soporte, el Otro no podía ser situado por nosotros más que bajo la forma más general de lo simbólico.
No hay frustración más que allí donde algo es reinvindicablé; ésta es la dimensión que no se podría eliminar de su definición. ¿Está precisamente allí el cuadro donde ha parecido situarse en la experiencia de los psicoanalistas, la articulación cotidiana? ¿Está allí la puesta al día de lo que puede descubrirse, por etapas, en una experiencia analítica, en el hic et nunc del analista?. Hay allí algo con lo cual no podemos de ningún modo contentarnos.


En el análisis, la sugestión funciona en relación a ese tercer término, que es el del deseo desconocido. Es al nivel de la repercusión, del interés obtenido del deseo inconcíente, que aquel que sabe manejar esta suerte de teleguía, que se llama la sugestión, toma su punto de apoyo. La sugestión es ineficaz al tomarla como medio, el punto brillante la bola de cristal.


a banda de Moebius es periférica de ese algo independiente que se puede desprender, que es caída, operación de un residuo, de un resto en la operación de la demanda, y que aparece como la causa de una reanudación por el sujeto de lo que se llama fantasma y que en el horizonte, de la demanda hace aparecer la estructura del deseo en su ambigüedad; a saber, que el deseo se puede desprender, surgir, aparecer como condición absoluta y perfectamente presentificable, como siendo ese algo del cual el sujeto que lo desea, que lo toma como tal al nivel del ser, lo hace subsistir simplemente al sostenerlo insatisfecho, mecanismo histérico del cual he marcado su valor esencial.


Se trata de ver si nuestras categorías no son las que nos permiten hacer el mapa, comprender lo que hay de tendencias teóricas en la comunidad de los analistas con esta posición que, en cada analista, en la medida de la experiencia que ha hecho, de su experiencia formadora, dé lo que en cada analista puede ser localizado como un deseo esencial para él, de referencia.


Que éste objeto demandado a él, seno, hasta deyectos, excrementos en otros casos, en otros registros que no son los de la neurosis, esta función de la voz o la mirada, aquí está la referencia esencial a propósito de la transferencia, en el punto en que en la historia aparece surgiendo de modo primordial en un texto de Platón, que nos conserva testimonio en “EI banquete”


hendidura


lektikos


Yo no sabía, o bien que ese significante que está allí, que reconozco ahora estaba allí donde yo estaba como sujeto, o bien, que ese significante que está allí, que ustedes designan, que ustedes articulan para mi, estaba para reprepresentarme a mí cerca de él, que yo era esto o aquello.


La afonía de Dora no es reconocible por representar al sujeto Dora más que por relación a ese significante, que no tiene ningún otro estatuto más que el de significante, si se dice correctamente el funcionamiento del síntoma, y que se articula sólo con ella, es decir la señora K. Dora no puede hablar más en la función en que está sola con ella. Y la afonía representa a Dorá no enteramente para con la señora K. con quien ella habla hasta demasiado abundantemente cuando ella está sola con aquéllas cuando el señor K. está de viaje.


tos


Tomen al pequeño Hans, la extravagante historia de la partida de Gmünden, la gobernante y el trineo, como dice Freud. Puedo hablarles así: el significante vale para el significante, la única persona que no lo sabe es el sujeto, el pequeño Hans. La función significante esta allí, una más gruesa molécula, es una gruesa fábula a la cual se libra el pequeño Hans.
Para completar nuestra historia por el obsesivo, recuerden las tentativas de engordar del hombre de las ratas. ¿En función de qué? Que hay cerca de su bien amada un llamado Dick. Es por no poder ser Dick que se esfuerza en engordar. Lo hace hasta el punto de estallar, para significarse cerca de ese significante Dick, nada más


Nunca se ha subrayado bastante hasta qué punto en la paranoia no son sólo los signos de algo, lo que recibe, el paranoico. Es el signo que en alguna parte se sabe lo que quieren decir esos signos, que él no conoce; esta dimensión ambigüa, del hecho que hay que saber y que eso está indicado, puede ser extendido a todo el campo de la síntomatología psiquiátrica, en la medida en que el análisis introduce allí esta nueva dimensión, que precisamente su estatuto es el del significante.


agotar


techumbre


El síntoma. Sería necesario definirlo como algo que se señala. Como un sujeto que sabe que eso le concierne, pero que no sabe lo que es. En qué medida podemos nosotros, analistas, decir qué estamos a la altura de esa tarea de ser aquel que, en cada caso sabe lo qué es. Nada más que en ese nivel, ya se plantea toda entera la cuestión del estatuto del psicoanalista. La cuestión está facilitada por la evolución de las concepciones de la ciencia, ella misma concerniente al saber. Durante mucho tiempo hemos podido creer que el problema estaba bien planteado, de la apariencia y de lo real, que es el examen de la puesta a prueba del tanteo de, la percepción que depende todo el estatuto de la ciencia.
¿Qué es lo que quiere decir esta oposición del engaño a lo real? Si no es más que de lo real de lo cual se trata, visto de la ciencia más antigua, es el real del sabio, y lo que no se ve es que ese real del sabio, a saber: lo que es un saber, es verdaderamente un cuerpo de significantes y absolutamente no otra cosa.


El sujeto supuesto saber. El significante como singular. El significante faltante y la díada. El sexo y el saber.


Para que el análisis se comprometa y se sostenga, seguramente el analista es supuesto saber, y sin embargo todo lo que comporta justamente de saber, el fundamento del psicoanálisis nos afirma que no podría ser ese sujeto supuesto saber, por la razón que el saber fundamental del psicoanálisis, el descubrimiento de Freud, lo excluye. Yo no iría más lejos hoy. He trazado aquí un límite que debe hoy partir de donde debe arribar mi discurso.
Mi discurso será hoy sólo el desarrollo de esta antinomia abriendo, quizá, sólo en su final la falla, la abertura por donde podemos concebir que, porque ya está trazada, esta falla, esta abertura, que la posición del analista, efectivamente se sostiene. Sin embargo, hemos permanecido sobre esa cuestión concerniente al analista, no seguramente a su capacidad, demasiado fácil y mítica de imaginar, no se que virtud, don innato o adquirido que lo pondría en posición de asumir lo que él tiene que hacer. Es su posición como sujeto en el fundamento del análisis y sujeto supuesto saber que no puede, vistos los trazados que Freud nos ha dado, representar otra cosa que una cierta disponibilidad que aseguraría, que lo definiría como tal, en lo cual equivaldría a una cierta disponibilidad en el orden del significante a proveer, y esto no sin encontrar eco en el modo en el cual defino -no sin razón- para ustedes el significante como siendo lo que representa al sujeto cerca de otro significante. Es precisamente por lo cual, por otra parte, la conjunción analítica es el punto donde se disuelve lo que tiene corta vista en el lingüista, ésta distinción que él cree hacer, debe hacer, como esencial de dos niveles pretendidamente lingüísticos: el uno comportando la inherencia de la significación, el otro que la excluiría: oposición de la palabra y el fonema.


horgaleón


rumiadas


opónima


hembra


aruno


sujeto que evita el saber del sexo


atolladeros


ancho


Freud introduce la dinámica del inconsciente y cuando él teoriza, es alrededor de ese punto oscilante de la cuestión sobre el sexo, de la pulsión epistemológica, de la necesidad de


saber. Es lo que del sexo se introduce genéticamente en la historia del niño, todo lo que para él florecerá tanto en las formas de su persona, de su carácter, de sus síntomas, de esta materia que es la nuestra y que nos interesa.


Que sepa todo, puede ser, salvo lo que lo ha motivado.
El sujeto. El se instituye en esa certeza de ser falta en saber, y ese tercer término que es precisamente el sexo en la medida en que en esta esfera está rechazado al principio, en la medida en que, todo vuelve a salir de lo que uno se quiere saber nada de ello. Aquí les preguntaré: ¿quieren que hoy se juegue?. No digo nada más. Yo no digo: ¿quieren ustedes jugar conmigo? Porque después de todo, desde donde yo hablo como analista, jugar conmigo no dice con quién se juega. No digo nunca que se juegue a algo. Todos los analistas que seamos, lo somos en la historia, y si la física se funda sobre los términos de “Nada se pierde, nada se crea”, pido a cualquiera aquí, reflexionar sobre la historia, si el fundamento de esta idea de la historia no es: “Nada se juega”


El juego es siempre de la relación de una tensión, de un alejamiento por donde el sujeto se instituye a distancia de lo que existe ya en alguna parte como saber; si en el tiempo yo creía, aún, que algo se juega.


El objeto a y su relación en un caso determinado, la división del sujeto; esto es el paciente que sabe hacer allí. Y nosotros estamos en el lugar del resultado, en la medida en que lo favorecemos. En analizado es el lugar donde esto se verifica de un modo radical porque aquí se muestra la superposición estricta que designa el deseo del Otro, no porque al paciente le sea dictado el deseo del analista, sino porque el analista se hace el deseo del paciente. Esto es lo que está expresado por el pequeño triángulo que muestra en que espacio virtual del lado del Otro, lugar ocupado por el analista, se sitúa el punto del deseo en el polo opuesto donde yace la realidad del sexo. Pues es allí que yace lo supremo de la astucia analítica y es sólo allí que ella puede ser reunida. Es sólo en esta mira y en la medida en que el analista está allí absolutamente aislado que puede pasar algo de lo que constituye, hablando propiamente, la única ganancia concebible. Es sólo en el punto donde llega al máximo lo que hace que al saber se constituya como la guarda, entiendan en el sentido de sirviente de ese rechazo de la realidad sexual, de este más íntimo aidos(52), de este pudor radical. Es precisamente en ese punto que este pudor puede traicionarse, en que esta guarda al ser llevada a su punto más perfecto, puede dejar pasar algo de una falta de guarda, pues esta realidad del sexo no es supuesto saber, y es allí que dejaré oscilante la cuestión de las últimas posiciones subjetivas ¿Sabe o no sabe este supremo pudor?. Hay quienes creen que saben pero ¿cómo saber lo que sabe sino en ese nivel del otro donde va a surgir la sombra de ese significante todo potente, de ese nombre supremo del Otro, del omnicente que siempre ha sido el lazo, el lugar, la lucha de la captura para aquéllos que tienen necesidad de creer? Cada uno sabe lo que eso quiere decir, creer allí, eso puede querer decir, eso quiere decir siempre: las gentes creen lo que afirman, es la teoría fideista, no se puede creer en lo que no se esté seguro.


Aquellos que están seguros no creen en ello. No creen en el Otro; están seguros de la cosa. Son los psicóticos. Es por lo cual, es perfectamente posible, contrariamente a lo que alguien de esta Escuela ha escrito a propósito de la historia de la locura, al cual se puede reprochar no haber dado ésta definición de la locura. Ese discurso se distingue en que está seguro que la cosa sabe.


Cuál debe ser ese deseo del analista, para sostenerse a la vez en ese punto de suprema complicidad, complicidad abierta a la sorpresa? El opuesto de esta espera donde se constituye el juego en sí, el juego como tal es lo inesperado. Lo inesperado no es el riesgo. Uno se prepara a lo inesperado. Lo inesperado mismo


Qué es lo inesperado sino lo que se revela como espera ya esperada, pero sólo cuando llega? Lo inesperado atraviesa el campo de lo esperado alrededor de ese juego de la espera y es haciendo frente a la angustia como Freud mismo, en los textos fundamentales sobre ese tema, lo ha formulado, alrededor de ese campo de la espera.


escollos


Platón, a todo lo largo de su discurso, siempre ha sido al fin de cuentas, esencialmente enigmático; enigmático al punto de hacerse desconcertante, humorístico


Que los medios del psicoanálisis son medios de verdad, el uso de tales medios se altera siempre, de no ser abierto a la crítica.


¿Qué sería entonces Descartes si nos atuviéramos a eso a lo que se impone en este análisis de su articulación fundamental? No otra cosa que un encépticismo que se pondría, él mismo al abrigo de lo que siempre se le ha opuesto a saber, que al menos es verdad la verdad del escepticismo. Precisamente es de lo que se trata. La marcha de Descartes no es una marcha de verdad, lo que lo señala, y que no ha sido nunca más articulado cómo tal es lo que hace su fecundidad, es justamente que se propone una mira, un fin, que es el de una certitud, pero que para lo que es verdad se descargue de ello sobre el Otro, el gran Otro, sobre Dios, para decirlo todo.


Allí donde yo pienso no sé lo que yo sé. no es allí donde discurro, allí donde artículo que se produce este anuncio que es el de mi ser, de ser, del yo soy del ser. Es en los tropiezos, en los intervalos de ese discurso donde encuentro mi estatuto de sujeto. Allí me es anunciada la verdad donde no presto atención a lo que viene de mi palabra. El problema de la verdad resurge. La verdad gira en la experiencia y por otra vía que la de mi enfrentamiento el saber de la certeza, que puedo tratar de conquistar en este enfrentamiento mismo, porque aprendo que este enfrentamiento es unívoco. Allí donde yo presento, contorneo, adivino tal escollo en la construcción rica y compleja de un síntoma, que lo que yo muestro como un síntoma y que prueba que sé en qué obstáculo hay que dejar de lado mis pensamientos, mis fantasmas, y se construye no sólo como si yo no supiera nada de ello, sino como si yo no quisiera saber nada.


He detenido la última vez la lectura de un texto preliminar de un escrito en curso, en el término siguiente: “… Pues el psicoanálisis no querrá -digo yo- a aquél que demanda ser analista, lo que tú quieras, cuando seas psicoanalista no irá nunca más lejos que allí donde él puede conducirte.” “Esto no es para engañarnos justamente de un merecido sermoneo sobre la responsabilidad a tu práctica. Tú sabes bien que todo ejercicio de un poder no está sólo sujeto a error, sino en ese colmo de equivocación, de ser bien hecho en su error. ¿Cómo aceptaremos ser médicos si no aceptáramos este increíble humano laberinto?” “Lo que me falta decirte es el riesgo para ti de ese matrimonio a la suerte del psicoanálisis. Pues lo que tú pones aquí en juego no tiene nada que hacer con lo que de ello se trata en la salida de un psicoanálisis ordinario. Y el término de perfectamente analizado que se te hace apuntar en la salida de tu psicoanálisis, calificado de didáctico, es también engañoso, más que insuficiente a la definición de los fines de este análisis.
“Pues no basta que tú seas, según la forma clásica, perfectamente claro en tus relaciones con tus pacientes; es necesario también que puedas soportar tus relaciones con tus pacientes, es necesario también que tú puedas soportar tus relaciones con el psicoanálisis mismo.” “Pues el psicoanálisis nos lo enseña; la verdad responde a una falta venial en su lugar -a una represión, dicho de otro modo, tomando sobre el cuerpo mismo donde yace tu ser, su razón.” No creas que ella sea más clemente a la falta capital siempre inminente en una acción que pretende seguir su traza sin conocer sus rastros. Una acción cuyo medio es el verbo, titubea entre la mentira y la verdad, recurre sus trazos siempre con usura”.


Es precisamente de eso que Descartes, de eso que con Descartes, la consumación está hecha, de lo que yo llamaría la alienación del saber y que es que él se desembaraza de las verdades eternas sobre el arbitrio divino. Este es el resorte de esta nueva marcha donde algo es fundamentalmente desconocido, y cuyo retorno constituye la esencia del descubrimiento freudiano.


sesgos


Lo real es lo que no puede no ser.


El sujeto, en tanto debe constituirse para hacer posible esta acumulación de un saber; he allí aquello en lo cual podemos puntuar la marca de la marcha kantiana, la más sana en esta materia


del sujeto, del saber y del sexo


jirones


las posiciones subjetivas del ser, a saber lo que se llama en el análisis: el objeto, el seno, el objeto fecal, o el excremento, la mirada y la voz


partenaire


para proseguirlo hasta la estructura de la homosexualidad femenina: la histérica carga a un tercero para responder a la demanda del Otro por ella; ella se sostiene en su deseo como insatisfecho y es por eso, es por la síntomatología que a la evolución de la histérica tenemos el acceso más rápido, pero al mismo tiempo, lo vela en parte por el hecho de la castración.
La castración es demasiado instrumental, demasiado mediatizante en la histérica, y también demasiado fácil de hacer, en tanto la mayor parte del tiempo, la histérica es ya objeto castrado, para que eso no nos vele. El obsesivo, como neurótico, está en el mismo caso. Opera de otro modo con la demanda del Otro, se pone en su lugar y le ofrece, en su lugar, el espectáculo de un desafío, mostrándole que el deseo que esta demanda provoca en él, es imposible. En los casos fecundos, pues de estos son los neuróticos obsesivos, él le demuestra que todo es posible en el lugar, multiplica las hazañas. Todo eso tiene también una gran relación con la castración, y si él acoge con dureza, si él degrada, si él destruye, burla el deseo del Otro, lo sabemos, es para proteger su pene. Del lugar del Otro, a través de todos los riesgos calculados que él corre, se prueba como falo salvaguardado. Es allí que la oblatividad es su asunto. El ofrece todo al lugar, tanto más gustosamente en tanto todo lo que ofrece es mierda. Forzarle la carta interpretándole el fantasma del fellatio, puede ocurrir, en efecto, y ocurre ordinariamente en su análisis, imaginándose de ello que es avidez del pene quien lo dirige haciéndole el objeto de comunión. Esto es en realidad, un desconocimiento del analista, que está en el hecho de la confusión del falo perdido con el objeto fecal y que ha interesado al sujeto en análisis, en una dialéctica del tocar, del no tocar, del contacto y del no contacto, testimonio pues, de está dialéctica del obsesivo que es precisamente la de la limpieza y no la de la propiedad.
El sujeto por tal vía es invitado a lo que yo definí como siendo la función del objeto a, a encontrar su verdad en este objeto a, en sus aspectos fecales. Lo que, en efecto, colma al obsesivo q ue no demanda más que eso.


hazañas


Para cerrar y terminar lo que tengo que decirles sobre ese punto donde culmina todo el discernimiento que ha tenido Freud del fenómeno inconsciente, cuando él habla del deseo que habita el sueño, que es el verdadero deseo del Otro. Deseo de que durmamos. No es por nada que es en el momento en que un sueño llega a ese punto culminante, es en esta figura inmóvil que encarna el fantasma de la realidad. Si el fantasma nos despierta en la angustia, es porque la realidad no aparece.
Pueden ustedes sólo estar así despiertos para que el sentido de esa palabra a venir en mi designio desde ahora les toque. No desembarazaré al Otro ni de su saber, ni de su verdad. El término del análisis, si es eso que he inscripto en el S significante del A


En la neurosis, de donde ha partido nuestra experiencia más cotidiana, también fundamental, es por relación a la demanda del Otro que se constituye el deseo del sujeto.
Decir que es por relación a la demanda no es ir contra lo que yo he dicho: que el deseo del sujeto es el deseo del Otro, sino su punto de mira, porque es también el principio de su mantenimiento en la posición neurótica.
Es la demanda del Otro, lo que el Otro demanda, seguramente, no es lo que él desea.


barrado, el Otro sabe que él no es nada de eso.


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